
Cada vez que un disco compacto “nuevo” cae en mis manos, (al igual que todo mundo) lo escucho para llenar mis sentidos con letras y sonidos nuevos, pero también reconozco que desde siempre me ha llamado mucho la atención el diseño de arte y las fotos que se incluyen en los “booklets” (entiéndase el librito que los CDS orginales incluyen adentro) y sobre todo, algo que disfruto enormemente es leer la dedicatoria o agradecimientos.
Como buena “aprendiz de escritora”, la forma que una persona tiene para redactar un texto -a mi en lo particular- me dice mucho acerca cómo es como persona, y a la par de haberme encontrado en los CDS con algunos escritos que me han dejado maravillada por la sencillez con que revelan cosas que de otra forma no sabrías de alguien a quien admiras sólo como artista, reconozco, que en ese sentido, los discos de Ricardo Arjona son de los pocos que disfruto más por esa simple razón.
Sé que hay gustos y preferencias para todo, y yo sólo puedo decir que llegué a esta conclusión porque hace apenas un par de semanas, para la revista en la cual trabajo me tocó hacer una “reseña” para la sección de música del último disco de Arjona que se titula “Adentro” y que aún cuando no lo escuché con toda la atención y concentración que yo hubiera querido; al momento de leer la dedicatoria, así como al escuchar algunas de las frases incluidas en las nuevas canciones me hicieron recordar la razón por la cual Ricardo Arjona (al igual que Soraya) son para mi el equivalente a un poeta contemporáneo.
Tal vez habrá quien difiera de este punto de vista –que reitero es una percepción muy personal-, pero si gente tan experimentada gana premios de literatura tan sólo por escribir cosas redundantes y llenas de “rebuscamientos”, no veo porque un cantante que para contarnos sus historias desde el principio de su carrera se ha caracterizado por desafiar a la rítimica y a la métrica no pueda ser llamado “Poeta”… Porque a final de cuentas, quien toma pedazos de la realidad y los matiza con los colores de las notas musicales que con el paso del tiempo se vuelven colectivos, -pienso yo- tiene todo el derecho de ser considerado como tal.
En mi nota escribí un poco acerca de eso y sé que todavía varias semanas después de que se publique, yo seguiré escuchando el disco en el intento por asimilar y disfrutar todas las letras y las historias que se me revelen, porque los discos de Arjona están diseñados para que sea así…
Por lo pronto y para despedirme, les dejo la transcripción de la dedicatoria que Arjona ha escrito en este nuevo disco y la canción "DE VEZ EN MES" una de las pocas que he escuchado completas y que me fascinó porque describe algo tan cotidiano que experimentamos las mujeres en sentido figurado, tal y como se hace con la verdadera poesía.
Nota: Si alguna vez tienen oportunidad de asistir a un concierto de Arjona, les recomiendo que vayan, pues a pesar de que no sean "fans" la calidad de los espectáculos que él brinda, son de verdad algo que no sólo se disfruta, sino que además vale la pena ver.
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“Por culpa de un ingeniero amigo y de unos planos que nunca entendí, mi vida de autor cambió. Para bien o para mal, los últimos meses de mi vida. Él y un arquitecto se metieron en casa con un batallón de destructores constructores. Léase albañiles, maestros de obra, etc. Todos bien intencionados pero con la idea precisa de demoler lo que hasta ese día había sido el estudio donde solía componer, descomponer o finalizar la mayoría de mis canciones. En menos de tres días botaron todo. Sí, ladrillo por ladrillo, hasta quedarme con un terreno baldío, cementerio de musas que por tímidas nunca llegaron a pertenecer a ninguna canción.
Aquel lugar perfectamente desordenado no existía más, y no sabía bien porque. Lo que duró unos días en desaparecer, tardó casi un año en convertirse en una nave espacial equipada al mejor estilo minimalista y con toda la tecnología de punta que supuestamente se merece un autor que vino de menos a más para orgullo de su madre y desgracia de si mismo. Lo que fue un mueble apolillado que compré en Puebla hace algunos años y al que me acostumbré como parte de mi cuerpo, hoy es un escritorio diseñado exclusivamente para intentar un lugar agradable donde yo pueda escribir como lo hice.
La consola de sonido es lo último en el mercado, y los dimers de luz suben y bajan la intensidad según yo quiera. Tengo una chimenea tan aburrida como artificial que se prende a control remoto y un extractor de humo para que el puro que me fumo se esfume sin dejar rastro de olor o huella. La silla, deberían de ver la silla, es cómoda en todas posiciones y protege mi espalda de de lesiones provocadas por el exceso de estar soñando. Hay velas por todos lados y un río artificial en la entrada, diseñado al más puro estilo feng shui para que las vibraciones fluyan de tal manera que yo pueda escribir el clásico que algunos esperan.
Después de tres meses sentado en esa silla aerodinámica mi espalda estaba intacta, el ambiente era óptimo, pero no había escrito un puto verso que me moviera la emoción.
Será quizás porque no hay nada como la mala vida para este oficio extraño de autor. Un buen día, cargado de los fantasmas que se le asoman al compositor después de semanas sin escribir algo que se le parezca al cielo, encontré la solución, justo un Jueves, imagínese usted, alquilé el cuarto de un motel cualquiera con alberca climatizada, cama motorizada, sí motorizada, pulsa usted un botón y se mueve con si se tratara de un terremoto erótico que conduce a los misterios de los curiosos que buscan en el sexo los restos del amor que les hace falta.
Sin más compañía que la guitarra y acostado en la cama circular, escogí la vibración intermedia que hizo que casi me cayera de la cama. La apagué de inmediato y me concentré en intentar la posibilidad de ver si el pasado de aquel sitio de paso y manchado de miles de historias de amor, horror y dicha, me regalaba la frase que busqué sin encontrar en mi estudio del futuro. Salí 3 horas después con un borrador de algo que empezaba diciendo: ERA UN JUEVES GRIS, LLOVÍA. Y era un Jueves y también llovía. Supe que la mejor manera de empezar este nuevo intento de compilar historias y melodías, era escribir en cualquier lugar menos donde se suponía que debía de hacerlo.
Mi estudio nuevo es una mierda, bonito, pero una mierda. Y por culpa de la solemnidad, el buen gusto y toda esa tecnología puesta ahí, me descubrí escribiendo canciones en cualquier parte. Baños públicos, aviones, cafés, parques infantiles, bares, restaurantes y donde se pudiera.
Donde se pudiera. Bolsas para vomitar en los aviones, pases de abordar, facturas abandonadas, papeles que se dejaron rayar o esos tan escasos espacios en blanco que dejan los periódicos. Lo cierto es que todo era mejor que el platillo volador que me fabricaron.
Tuve 123 razones para no escribir. Pero me quedó una para hacerlo y me alcanzó para este disco. Las 123 fueron ajenas y la única fue y es sólo mía. No me la quita ni la alegría, ni las fiestas, ni la melancolía, ni el vestido ceñido de nadie, ni el escote de ninguna, ni la película más sorprendente, ni el estrés, la angustia o la felicidad. Tengo una razón para escribir y basta.
Usted se llama así, como se llama, usted no lo escogió y no lo conozco, pero esta compilación es lo mejor que este mortal pudo escribir hasta este día. Y me siento orgulloso de lo hecho".
-RICARDO ARJONA-
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kevin dias — 11-10-2006 21:50:19