Estamos entrando ya a la tercera semana de este nuevo año y siento que el tiempo se está yendo cada vez más rápido y en este casi final de Martes, cuando en apariencia iba a ser un día tan normal como los otros, pasó algo (ya en el camino de regreso a mi casa), un detalle simple –tal vez insignificante para cualquier otra persona- pero que en lo personal además de llamar mi atención me dejó reflexionando todavía aún más durante el lapso de tiempo que tardé en llegar a mi casa.
Como antecedente a esto, tengo que comentar que todos los días, de Lunes a Viernes, saliendo de la oficina, voy al estadio 20 de Noviembre a correr (bueno, a medio correr, porque a pesar de que tengo ya poco más de medio año haciendo eso, mi condición física todavía deja mucho que desear… pero bueno, esa es harina de otro costal), el caso es que la tarde de hoy, todo iba tan normal como siempre, yo dando vueltas como “pirinola” por todo el estadio y pensando 20 cosas al mismo tiempo (no sé porque pero eso me relaja mucho, al igual que el movimiento de los árboles que hay ahí) y pues ya terminé yo creo que cerca de las 8:30 pm y salí del estadio rumbo a la avenida principal (que es donde tomo el camión que me lleva siempre hasta la Zona Centro –que es por donde yo vivo-) y me fijé que delante de mi iba un muchacho que por el color de su uniforme deportivo rojo (con un balón de futbol en la parte trasera de su chamarra) me di cuenta es parte del equipo de chavos que entrenan ahí mismo en el estadio a la misma hora en que yo voy a correr.
Hasta ahí, el encuentro no habría tenido la menor importancia, él cruzó la calle y yo también. La avenida estaba semi-vacía (algo raro porque es una avenida muy transitada), él llegó primero al otro extremo de la avenida, y yo, como no se veía ningún camión ni cerca ni lejos, decidí caminar un poco más hacia el otro lado, un poco más delante de donde está el puesto de los Hot-Dogs Garibaldi.
Yo creo que en ese lapso pasaron entre 2 y 3 minutos –más o menos-, cuando por fin vi que un camión amarillo venía ya muy cerca y empecé a caminar en dirección hacia donde estaba para poder abordar. Entonces el muchacho de uniforme deportivo -que también había salido del estadio y era evidente también iba rumbo al Centro- se esperó a que yo llegara hasta donde el camión estaba detenido (poco más de media cuadra de distancia de donde yo estaba) para dejarme subir primero.
Algo me dijo cuando subí, pero no le escuché porque al mismo tiempo yo le dije “Gracias”, creo que preguntaba acerca de si yo también iba para el Centro, pero no sé porque no lo alcancé a escuchar bien.
Una vez adentro del camión y que me di cuenta que el camión iba totalmente vacío (cosa rara también que suceda), yo ocupé el primer asiento detrás del chofer y el muchacho el que estaba justo enfrente.
En los primeros instantes, cuando el camión arrancó, yo iba como siempre “en la lela” asomándome por la ventana, pero cuando mis ojillos “pispiretos” no encontraron nada interesante que ver en la calle, volví la vista hacia el espejo retrovisor enfrente del chofer y descubrí una especie de máscara de madera (muy padre por cierto) y mientras la estaba observando, escuché que el muchacho le estaba preguntando al chofer si esa era su última vuelta o si todavía le faltaba una más antes de terminar su turno y también si durante el resto del día había estado igual, sin nada de gente que llevar o traer.
Cuando él estaba preguntando eso, yo estaba metiendo mi monedero a la mochila así que no pude evitarlo y al mismo tiempo lo ví momentáneamente a él. Cuando se dio cuenta de eso, me sonrió y me preguntó: ¿Qué si todos los días iba a correr al estadio?, yo le respondí que sí y él me dijo: -“ah que bien”.- Luego agregó: -“Hoy está fresco ¿no?”- y yo lo tomé como que estaba haciendo referencia a que en días pasados ha estado demasiado frío el clima y mucha gente que va al estadio a correr o a entrenar esa hora (como el equipo donde está él) lo hace lo más abrigado posible (algunos hasta con guantes y gorro) y yo le respondí simplemente que sí, pero que yo pensaba que el día de hoy en particular no hacía nada de frío en comparación con otros días.
Después de esto yo seguí mirando por la ventana y el chofer, que para esto ya había salido de su asombro después de que el muchacho le preguntara primero acerca de ¿cómo había estado su día?, le respondió que esa era su última vuelta y que sólo durante la tarde casi no tuvo gente y lo que me llamó la atención de este pequeño encuentro fue que tanto la reacción del chofer del camión como la mía fue la misma… Sacarse de onda cuando alguien que no conoces te saca plática así de repente y sobre todo muestra que está verdaderamente prestando atención a tu respuesta aunque el cuestionamiento inicial haya partido de algo trivial.
Yo iba pensando acerca de esto y tratando de no voltear a ver al muchacho porque me dio un poco de pena, sí quería voltear a verlo, pero porque me llamaba la atención volver a verlo para grabar en mi memoria el rostro de una persona como él, eso era todo, pero igual si hubiera permanecido durante mucho tiempo observándolo, podría haberlo incomodado e incluso malinterpretar mi intención y aunque si lo viera otra vez, pienso que sí lo reconocería, tampoco hubiera podido observarlo durante más tiempo con disimulo, porque en apariencia el camino que él tenía que recorrer no era tan largo y se bajó más o menos a la altura del banco que está en la Av. 16 de Septiembre, poco más delante de la casa de Juan Gabriel.
Todavía antes de bajarse se despidió del chofer y a mi me dijo: “Hasta luego, que descanses” y yo le respondí: “Que te vaya bien y que descanses tu también”.
Como dije al principio, todo esto podría parecer irrelevante, pero para mi no lo es, dado que me hizo pensar que yo, al igual que muchas personas con las que coincido, viajamos a diario como “zombies”, cada quien enfrascado en su “burbuja”, pensando tal vez en su trabajo, en su vida o en sus broncas y aunque estamos físicamente afuera, coincidiendo con mucha gente en el camino, pocas veces nos detenemos a mirarla ¿cómo es en detalle? y cada vez es más raro llegar a intercambiar una o dos palabras (lo mismo pasa con la gente que va adentro de los autos… Muchas veces me he puesto a observarlos en los semáforos y me encuentro con personas que van con la mirada fija en el camino que tienen por delante y es rarísimo que volteen a ver a la persona del auto de enseguida), sólo los niños lo hacen y cuando me toca coincidir “visualmente” con alguno de ellos te sacan la lengua, también te sonríen o te dicen simplemente “adios”.
Todo esto también me recuerda que no sé si fue en el curso que tomamos en la oficina en Agosto del año pasado o en alguna otra ocasión escuché a alguno de los “Chavos de Re” comentar que a veces eso es lo que hace la diferencia en el momento en que tu le preguntas a alguien ¿cómo está? ¿o cómo estuvo su día? y sumado a esto te muestras interesado en lo que te comenta, la persona se abre contigo y tal vez te comience a platicar cosas, en pocas palabras, a nadie nos cae mal cuando alguien –sea quien sea- nos presta un poco de atención.
Por ejemplo, para mi, es obvio que ese muchacho ya no va a ser “uno más del montón” que a diario veo entrenando en el estadio, pero aclaro -para que tampoco se malinterprete- que aunque la verdad si estaba guapo, lo que me llamó la atención de él no fue eso (mi corazón está muy definido en ese aspecto y le pertenece a un chavo que ni me pela, pero bueno)... A lo que voy es que fue con una actitud de amabilidad tan simple, que este chavo me hizo reflexionar acerca de cómo voy siempre “metida en mi burbuja”, aparte de alterar con un detalle tan simple el curso de un día normal… Y no sólo el mío, sino el del chofer del camión también que por la forma de responderle, percibí lo sacó de onda también encontrar alguien así.
Sería interesante hacer un experimento y al igual que ese chavo, sonreírle a alguien desconocido, sacarle plática a cualquier persona, no sólo en el transporte, sino en una fila para pagar algún servicio, o con quien nos toque coincidir al mismo tiempo en el súper o a cualquier otro “incauto” en una situación de la vida cotidiana donde las condiciones sean idóneas para poder hacerlo y ver así ¿cuál es la reacción en general?... Estoy pensando que tal vez podría empezar el día de mañana ofreciendo una sonrisa o un “buenos días” a alguno de esos vecinos que no sé porque tengo la impresión desde siempre les he caído “gorda”… -no sé porque, si yo nunca les he hecho nada-… Pero igual y también han sido prejuicios míos que he tenido durante mucho tiempo y si aplicara un pequeño ejercicio como este, tal vez podría sorprenderme yo también con los resultados…
¿Será verdad entonces que los detalles pequeños hacen la diferencia?... Creo que valdría la pena averiguar…
¡Buen Miércoles!
[...] conversación trivial,  cambió por completo mi percepción en un dÃa ordinario. Hoy que lo vÃ, no sólo lo reconocÃ, sino que caà en la cuenta de que a pesar de que él seguramente ya ni se acuerda de eso, para mi, desde ese dÃa dejà [...]
[...] conversación trivial, cambió por completo mi percepción en un día ordinario. Hoy que lo ví, no sólo lo reconocí, sino que caí en la cuenta de que a pesar de que él seguramente ya ni se acuerda de eso, para mí, desde ese día dej [...]