
…Era una vez una chava que desde hacía poco más de seis meses estaba tratando de disfrutar al máximo todas y cada una de las cosas que le pasaban a diario y llevar así una vida normal a pesar de tener el corazón roto.
Medio año… dos palabras sencillas que representaban que ya había pasado un montón de tiempo, pero para ella cada día era como empezar de cero, sobre todo por lo doloroso que puede resultar a veces saber que a pesar del gran esfuerzo que hay detrás de cada uno de los días y las noches que se emplean para llegar a dominar a la perfección “El Arte del Olvido”, basta un pequeño detalle, una simple palabra, un aroma o quizá hasta un encuentro “casual” –pero lleno de indiferencia- sea suficiente para que el alma, aún estando llena de algodones y vendas adhesivas por todos lados, todas esas pequeñas fisuras se vuelvan a abrir y duelan como el primer día que alguien las ocasionó.
Pero bueno, hablar acerca de la forma como sucedió eso, sería lo de menos, puesto que al hacerlo sería como contar la típica historia donde hay “buenos” y “villanos”, -que aunque si bien es cierto, en la vida real existen- en este caso en particular tan sólo había dos seres humanos tan comúnes y corrientes como podemos ser cada uno de nosotros, llenos de defectos y virtudes y sometidos al “infortunio” de las circunstancias de la vida que fue en realidad lo que logró separarlos y eliminar para siempre los sueños y los momentos que alimentaron un sentimiento que podía haber llegado a ser algo muy grande y ahora simplemente ya no existía.
Alrededor de todas las historias siempre existen innumerables versiones que pueden ser ciertas o falsas, inventadas o llenas de veracidad, pero si pudiésemos ver la que corresponde a la de la historia de esta chava, a través del reflejo mismo de sus ojos, encontraríamos la de una mujer que a pesar de los mil y un intentos que hizo para no permitir que su amor se perdiera: escribiendo mensajitos “cursis” que eran dejados junto a una flor cada sábado en el borde de una ventana, mandando canciones a través de correo electrónico, buscando en más de 3 ocasiones una oportunidad de diálogo con el propósito de “intentar arreglar las cosas” o ya en último recurso hablando “clandestinamente” por teléfono con su madre; todo sólo para cerciorarse de que el chavo que ella amaba “estaba bien” (aún con toda la bola de broncas tan gruesas que venía arrastrando desde hace mucho tiempo), y después de todo esto, al final fue muy duro para ella darse cuenta que todo eso no sirve de nada cuando la realidad te hace saber que estás aferrándote a algo que simplemente ya no existe, a tratar de permanecer en un lugar al que simplemente ya no perteneces, y lo más fuerte de todo… que esa persona por quien “mueres de amor” ni siquiera toma en cuenta todo eso y con cada porción de tiempo que va pasando, lo único que demuestra –ahora si que con hechos concretos- es que sus sentimientos en realidad nunca fueron tan fuertes como en un principio él había logrado demostrarle no sólo a ella, sino a todo mundo con firme convicción.
El conflicto más grande de esta historia que podría terminar simplemente una vez que la chava (después de soportar tantos días y semanas sintiéndose como “perro atropellado” abandonado en plena carretera), decidiera de un modo tan sencillo mandar hasta… bien lejos… a este chavo, tal y como él lo había hecho con ella… Pero no, los humanos somos tan estúpidos a veces... O mejor dicho, la mayoría de las veces...
Así esto venía a explicar como era que a pesar de todo el tiempo transcurrido, a pesar de que celebraciones tan especiales como Navidad, Thanksgiving o Año Nuevo, aunados a uno que otro encuentro casual por cuestiones de trabajo, sólo demostraron la actitud de un hombre –ahora desconocido- que no tiene la menor consideración con alguien que sí, a pesar de todo eso, todavía lo ama con todo su corazón.
Que chava tan tonta… Por no decir tan pen… Bueno, mejor así lo dejamos… Quien a pesar del típico consejo recurrente y bien intencionado de amigos y familiares con la frase dolorosa –pero muy cierta- de: “Olvídate de él, no vale la pena”, y del patético papel de “rogona” y de el chavo en plan “Mamey” de “Soy la Última Coca-Cola en el refri y mira como la traigo muerta”… Para ella era seguía resultando muy difícil llevar a la práctica algo tan simple y en todo este tiempo… “Tiempo tan sabio que se encarga de curar todas las heridas –por más dolorosas que estas sean- y poner cada cosa en su real dimensión”… Sólo había servido para que ella se diera cuenta que aún continuaba enamorada de ese mismo chavo, que sí, la verdad se estaba dando cuenta no valía la pena y ahora su corazón quería seguir sumando más capítulos “tormentosos” al libro de esta historia de indecisión; puesto que a pesar de todos los sentimientos encontrados que se experimentan en el transcurso por querer “eliminar” del alma y el pensamiento a alguien quien se ama aún con su “mala onda” y sus defectos, para ella la sola idea de intentarlo era equivalente a sentir que no obstante que tenía la certeza de estar haciendo lo correcto, al mismo tiempo algo en su interior todos los días le decía que eso es precisamente lo que hacen todos: darse por vencido y cruzar los brazos como si nada hubiera pasado cuando el amor de su vida se va.
Para ella no había día en que no tuviera ganas locas de correr a la casa del guey en “Plan Mamey” para decirle: “Eres el amor de mi vida, el hombre con el que muero por compartir toda mi vida”… Al que le podría seguir escribiendo una y mil cartas sólo para decirle que no necesitaba nada más de él que tocarlo y sentirlo a su lado al final del día sólo para saber que había valido la pena vivir una vez más…
Pero nadie –ni siquiera ella- podía saber y sobre todo E-N-T-E-N-D-E-R cuáles eran los motivos que lo habían llevado no sólo a cambiar en tan poco tiempo, sino también para no aceptar ni siquiera la idea de correr el riesgo de aceptar un regalo así.
En el vigésimo día de un nuevo año, y a escasas 3 semanas en la víspera del 14 de Febrero, la chava de esta historia había pasado los días y las noches luchando con la idea de si sería bueno o no hacer una tarjeta con sus propias manos y dejarla justo en ese día nuevamente en el borde de la ventana atada con un montón de globos… (la sola idea de imaginar que para el diseño de la misma utilizaría una mariposa en papiroflexia con una carta adentro y el dibujo de un “Ziggy” en la portada le ponían el corazón a mil por hora)… Mientras que por el otro, pensaba también en que es mucho más fácil cuando las cosas que nos preocupan o nos inquietan se analizan y se asimilan mejor si se habla de ellos tal y como si se estuviera haciendo referencia a una persona totalmente distinta…
Así, sin importar si la decisión que ella tome sea o no la correcta, de si se queda o no con los brazos cruzados, de si su corazón queda igual o peor de “piñateado” que al principio, de si lo hace o no lo hace, la vida siempre estará llena de dudas… Dudas que muchas veces duelen, pero aún así ayudan a crecer.