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REMEMBRANZAS FANTASMAGÓRICAS SOBRE EL PUDOR Y LA LIVIANDAD

Archivado en GENERAL • Fecha: 13-12-2005 09:25:52



… El Museo cerró sus puertas al público poco después de las 6 de la tarde, pero no fue hasta que las manecillas del reloj rebasaron el número diez que los pasillos quedaron completamente desiertos porque todos los empleados de ese recinto histórico decidieron poner fin a otro día laborable y marcharse así a sus respectivas casas para descansar.

Así, una vez que las luces de todas las salas se apagaron y los candados y cerrojos fueron colocados en cada una de las puertas y ventanas aunque la idea de “vagar” por fin libremente era muy “tentadora”, las reglas para los fantasmas desde siempre habían sido muy estrictas y bajo ninguna circunstancia podían hacerlo sin que el reloj hubiese rebasado antes las 12 de la medianoche.

La primera en hacerlo fue Doña Águeda Alcaraz, quien al salir de su letargo lo primero que hizo fue mirarse al espejo para cerciorarse de que tanto su peinado como su vestido no se hubiesen estropeado con tantas horas de inmovilidad.

Llevaba haciendo lo mismo durante poco más de un siglo y aunque el vestido color verde de satín y holanes aún le ceñía muy bien la figura como la había tenido en vida, el estar conciente de su condición fantasmagórica no evitaba que ella experimentara una infinita tristeza cada vez que descubría que su reflejo frente al cristal ya no era nada más que una imagen tenue y borrosa.

Para disimularlo, siempre se alisaba con las manos los cabellos castaños sujetados con decoro en un muy elaborado “chongo”, a veces daba media vuelta o miraba por encima de su hombro para verificar así que en la parte de atrás (en la que de otra forma y sin ayuda del espejo no podía verse), el fondo que llevaba puesto no sobrepasara el largo del vestido y en otras ocasiones simplemente buscaba afanosamente arrugas inexistentes sobre la tela.

Sin embargo, y a diferencia de muchas otras veces, su ritual de verificación de apariencia había durado menos tiempo, por la sencilla razón de que era la primera vez que su vestido físicamente se exhibía en ese recinto; además –por la hora- no tardaban en “aparecer” el resto de sus amigas para permanecer en una especie de “tertulia” que se prolongaba durante casi toda la madrugada conversando acerca de su tema favorito que no era otra cosa más que una remembranza nostálgica de su paso por el mundo de los “vivos”, justo en la época en que era difícil y cuestión de clase, identificar la sutil línea que delimitaba al “Pudor de la Liviandad”…

CONTINUARÁ...

Escrito por Martha Mendoza
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