
Mañana se cumple una semana exacta que fui al curso para parejas “Encuentros Cercanos” y sé que suena medio raro decirlo cuando ¡yo ni pareja tengo!, pero la razón que me hizo asistir fue que además de que ya había escuchado muy buenos comentarios (por parte de quienes asistieron el año pasado), contrario a lo que pudiera pensarse, el curso no estaba diseñado únicamente para chavos y chavas con pareja, puesto que la idea era también hacer para todos los solteros que asistimos, una experiencia a nivel individual que en un futuro pueda servir para llegar a tener una buena relación de pareja.
La verdad yo nunca había asistido a un curso como este, (apenas unas cuantas semanas atrás recién había estado en ese mismo lugar para un curso de “Manejo de Estrés”) y aunque eran muchas las expectativas que yo tenía cuando tomé la decisión de aceptar la invitación de Jorge (el terapeuta que lo impartió) para ir al curso, puedo decir que fue un Domingo muy productivo en el que además de convivir con otras 10 personas, aprendí cosas que yo desconocía acerca de mi misma.
Lo que me gustó del curso es que fue muy práctico y vivencial, incluso hasta tal vez podría hacer todo un resumen detallado de todo lo que hicimos durante las horas que estuvimos ahí reunidos, pero creo que todo se concreta a decir que el aprendizaje más importante que yo me llevé a mi casa al terminar el curso fue el haberme dado cuenta de que yo nunca en la vida me había puesto a pensar en “que es lo que yo estoy dispuesta a dar” para poder llegar realmente a convertirme en el complemento de alguien, puesto que tal vez el error más grande que he cometido en todo este tiempo ha sido pensar de modo egoísta en lo que quiero y necesito de una pareja, quizá sin tomar en cuenta que muchas de las cosas que yo exijo o requiero para poder enamorarme de un chavo, como LA PACIENCIA Y LA TOLERANCIA (por mencionar sólo 2 de los requisitos que escribí en una larga lista) son precisamente elementos de los que yo carezco y en los que sin duda alguna me tengo que enfocar para poder lograr.
Puedo decir que “antes” y “después” del curso yo siempre he sabido que es exactamente lo que quiero para ese aspecto de mi vida, y pues una de las razones por las que también decidí asistir fue el pensar en que quiero ya acabar de una vez por todas con esa constante lucha interna que he experimentado a lo largo de estos últimos 5 meses en los que por un lado me quiero “programar” para empezar de nuevo, llevando únicamente conmigo los buenos recuerdos cargados en la maleta hacia un futuro que desconozco… Mientras que por el otro, esa misma dualidad me hace sentir y dudar que jamás voy a poder lograr eso… Sobre todo si no dejo de extrañar como constantemente lo hago a alguien para quien es evidente no represento ya nada importante.
No recuerdo donde leí hace poco que tanto el dinero como el amor son como “La Sombra”, que entre más los persigues… más se alejan de ti y creo que eso es cierto, porque hasta hace 2 años (y luego de muchos otros invertidos en esa constante búsqueda), yo estaba… ¿o estoy aún? convencida de que por fin había encontrado el amor de mi vida... Sin embargo, hasta ahorita las circunstancias se han encargado de demostrarme de una manera bastante dolorosa que eso no era verdad… Pero bueno, todo es parte de la vida, de ese constante aprendizaje por el cual tengo que pasar para poder crecer como persona y pues después del ejercicio de “programación” que hicimos al finalizar el curso para poder atraer a la persona correcta, sólo espero que con el paso del tiempo yo pueda llegar a ser una chava con la fortaleza espiritual suficiente, para que la próxima vez que encuentre a alguien y ese alguien sea de verdad el gran amor de mi vida, no cometer los mismos errores, que yo sea una persona digna de ese chavo y lo suficientemente convincente para que se quede conmigo durante todo el tiempo que me toque permanecer aquí.
Ojalá así sea y pues para finalizar comparto aquí un texto muy padre e interesante que me dieron durante el curso.
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“AMOR MADURO”
Más de 4 años de su vida gastaron María y Eduardo en un noviazgo aparentemente feliz, que se acabó cuando terminaron la carrera que estudiaron juntos. Fue como si hubieran agotado los temas de conversación que tenían en la universidad, para entrar en una competencia profesional, que, lejos de dar trascendencia a su relación, marcaba territorios incompatibles.
Finalmente, Eduardo confesó que cuando se dio cuenta de que su noviazgo le reclamaba más formalidad, tuvo miedo de continuar, porque necesitaba tiempo para saber si María era la mujer con quien realmente deseaba pasar “el resto de su vida”. Su caso es el de cada vez más parejas “modernas” que huyen de la responsabilidad como del demonio, incluso cuando ya tienen todo preparado para la boda.
Quizá no supieron nunca que el verdadero amor no se traduce en sólo “sentir bonito” cuando se está frente a alguien y que tampoco significa “estar de acuerdo en todo lo que se hace”, porque cuando realmente se ama a alguien se adquiere el COMPROMISO MORAL consigo mismo de ayudarlo, apoyarlo, compartir, respetar, confiar y ser mejor cada día, a que el amor crezca como ser humano en todos los aspectos.
Cuando los jóvenes sueñan con encontrar al príncipe azul o a la súper-mujer para ser felices siempre, tendrán que plantearse con toda seriedad si no están esquizofrénicos, porque un mundo así sólo se da en las letras o en las telenovelas, donde navegamos a merced de la imaginación del autor, pero no en el mundo, donde el Creador ha dispuesto para los hombres la felicidad y el sufrimiento, los logros y los fracasos, la aceptación y el rechazo, la lucha constante y permanente, desde que nacemos hasta que dejamos de respirar.
Hace poco llegó a mis manos una información de CIMAC, en la que Martha Celia Herrera, Psicoterapeuta del Centro de Interdisciplina Conductuales, asegura que las mujeres aún hoy conservan la expectativa de encontrar a un hombre maduro, productivo, estable, rico, inteligente, paternal, que cambie pañales, que las acompañe al pediatra, que sepa preparar papillas, que sea una excelente pareja, tierno, que externe sus emociones, que no pida relaciones íntimas cuando ella está enojada, que sea empático.
Ellos, entre tanto, buscan a la mujer de sus sueños: productiva, inteligente, excelente anfitriona, que desee uno o dos hijos cuando él lo decida, que no pida dinero, que sea autosuficiente, independiente y autónoma, que colabore en la economía familiar y que cuide a los niños, que lave, planche, cocine y tenga bien arreglada la casa, además de que se de tiempo para cuidar su apariencia.
La Doctora Herrera dice que con la evolución sexual y el feminismo se rompió el equilibrio tradicional entre el papel que correspondía a los hombres y el que estaba destinado a las mujeres. Los varones se asustan frente a las mujeres que compiten con ellos en su espacio laboral y que a menudo están más calificadas que ellos, y esa amenaza a veces se extiende al campo sentimental. Influye también que se dividieron los roles, pero nunca quedaron delineados. Ahora la mujer tiene más actividades que antes, porque debe estudiar, trabajar y atender a su familia, hecho que resulta desconcertante para todos.
Las expectativas femeninas y las masculinas son irreales y poco objetivas. Muchos ni siquiera son capaces de expresar lo que esperan del otro. Yo no soy psicoterapeuta, pero sé que en la vida nada es mágico ni gratuito. Los hombres y las mujeres hemos sido siempre los mismos, aunque las circunstancias han cambiado y, en este renglón, no tan positivamente como sería deseable. Hoy queremos que todo sea fácil y desechable, pero eso no es posible en las personas. Nadie está ya hecho; la vida entera no nos alcanza a veces para irnos moldeando según nuestras metas y proyectos. De la misma manera dos seres inacabados, que tendrían que estar conscientes de que van a esculpirse juntos durante toda la vida.
Anhelar un príncipe azul o una súper mujer junto a nosotros NO es un PECADO, pero si puede llegar a convertirse en un obstáculo para ser felices al lado de un ser humano de carne y hueso, con potencialidades y miserias que, como nosotros, necesita comprensión y verdadero amor para perfeccionarse poco a poco.
Si hoy tantas relaciones rompen después de un tiempo de tratarse en su noviazgo, es precisamente porque no estamos dispuestos a trabajar para forjar una relación sana, sincera, basada en el verdadero amor, que no es sólo romanticismo, sino prueba constante de fidelidad, comunicación, respeto y de humanidad.
Curiosamente, la Doctora Herrera concluye que, mientras estudian licenciaturas, maestrías y doctorados, hombres y mujeres no se dan tiempo para “habilitarse en pareja”, para hablar de si mismos. Todo eso se queda guardado y, cuando cumplen 30 años, deciden tener un compañero, suponen que, como por arte de magia, contarán con habilidades que no desarrollaron, porque nunca se dieron tiempo para hacerlo.
Para relacionarse con otra persona hay que estar dispuesto a negociar, a manejar enojos, a discutir –no pelear- porque aunque existan puntos de vista diferentes, es posible conseguir objetivos que satisfagan a los dos. Pero eso cuesta.
Quizá el problema radica en que nadie desea comprometerse a entablar la lucha por lograrlo. Demasiado egoísmo. Diría yo. Cada día son más las mujeres y hombres, profesionistas, independientes, inteligentes y de éxito, que ven pasar los años sin encontrar pareja. Personas, de todas las clases sociales se encuentran frente al mismo problema.
Son solteros y solteras, se han quedado atrapados (as) en un espacio dentro de la sociedad actual, muy limitado en cuanto a diversiones y actividades, y se les dificulta mucho encontrar personas en su misma situación, ya no se diga para casarse, sino simplemente para acompañarse y entablar una buena amistad. Ya no existe la palabra “Solterón
” y su imagen ha cambiado 180 grados, ya no es el hombre o la mujer gris, amargada, vestido como fraile o monja (según sea el caso); ahora son seres impecables, atractivos (as), de muy buen carácter. Que van supliendo la juventud con personalidad, y desarrollo humano e intelectual.
“Que hay demasiadas mujeres y pocos hombres” es una idea que se escucha todos los días y que ha llegado a penetrar profundo en la conciencia de las mujeres de todos los estratos sociales. Este punto se da como un hecho, apoyado en estadísticas generalmente falsas o bastante caprichosas. A un número determinado de mujeres les corresponde un número equivalente de hombres, a diferencia de la idea común de que por cada hombre hay cinco o seis mujeres. Pero la soledad no es exclusiva de aquellas personas que son solteras. Hay mujeres que aún estando rodeadas de mucha gente llegan a sentirse solas, y a sufrir de carencias afectivas.
También entre mujeres casadas, que comparten su vida con su pareja, es frecuente encontrar “solas acompañadas”. Para poder amar verdaderamente hay que renunciar a creer que ese sentimiento es el fin de la soledad, y estar dispuestos a aceptar dos soledades, la del otro y la propia. Y es que amor es confesar: “Sí, yo te amo como tu eres… aunque no correspondas a mis sueños y a mis esperanzas, tu realidad me da mucho más regocijo que mis sueños”…
“Puede que sufras una decepción si confías demasiado, pero vivirás atormentado si no confías lo suficiente”.
A mis amigos que son… NO TAN SOLTEROS, el amor es convertirse en la “persona perfecta” para alguien. Es encontrar a alguien que te ayude a ser la mejor persona que puedas ser.
A mis amigos… QUE SÓLO QUIEREN VIVIR UN MOMENTO O USAR A LAS PERSONAS, PARA SENTIRSE MEJOR, nunca digas “Te Quiero”, si no te importa. Nunca hables de sentimientos si en verdad no los sientes.
Nunca toques una vida si pretendes romper un corazón.
Nunca mires a los ojos cuando todo lo que haces es mentir. Lo más cruel que un hombre le puede hacer a una mujer es dejarla que se enamore cuando él no tiene la intención de corresponderle y esto trabaja para ambas partes.
A mis amigos que… TIENEN MIEDO DE CONFESAR, el amor duele cuando terminas con alguien. Duele mucho más cuando alguien rompe contigo. Pero el amor duele más cuando la persona que has amado no tiene idea de cómo te sientes.
A TODOS MIS AMIGOS… Mi deseo para ustedes es un hombre o mujer cuyo amor sea honesto, fuerte, maduro, que evolucione con los años, enriquecedor, protector, animado, recompensante y nada egoísta.
jackelin — 05-12-2005 00:49:41
Keith — 24-07-2006 11:17:27