Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

PEDIR SÓLO LO NECESARIO

Archivado en GENERAL • Fecha: 13-10-2005 08:03:38

No tenía intención de escribir nada hasta el fin de semana porque no ha sucedido nada interesante, de hecho creo que lo único digno de contar en este espacio es que los días han estado hermosos. Por la madrugada hace un poco de frío ya y el día de hoy amaneció con un clima nostálgicamente lluvioso y gris.

El día transcurrió similar a como han pasado otros y sin nada relevante, pero al salir del trabajo y con la mochila colgada en la espalda cambié de pronto el rumbo, porque de última hora decidí que hoy no iría a correr porque me apetecía muchísimo ir a sentarme un ratito en el borde de la fuente del parque a donde voy siempre para estar sola y pensar -y en este día en particular- para disfrutar así del clima como estaba.

Camino hacia allá, con esa idea y algunas otras cosas en la mente, al llegar a una de las avenidas donde tengo que esperar algunos minutos para poder cruzar (ya que pasan muchos carros), mientras esperaba de pie en la banqueta la oportunidad para poder cruzar al otro extremo, vi que adentro de el auto que estaba al lado derecho haciendo alto iba una muchacha sola (que yo calculo que tendría como unos 20 ó 25 años) y estaba llorando.

Me llamó mucho la atención porque a pesar de que había otros carros ahí esperando también y el de ella era el primero, parecía que solamente yo me daba cuenta de lo que estaba pasando y se me apachurró el corazón porque a pesar de que la chica estaba con las manos al volante y atenta a la circulación y las señales, se veía que su llanto era demasiado fuerte, de ese que incluso te agita y te agota de desesperación.

En realidad fue muy poco el tiempo que estuvo detenida ahí, porque su auto arrancó a los pocos minutos, pero todavía cuando se fue y yo crucé la calle, aparte de entender un poco el sentimiento que ella experimentaba en ese momento, traté de imaginar ¿qué cosa podría haber pasado en su vida para provocar que estuviera llorando así en ese instante?

Lo poco que alcancé a ver (además de sus lágrimas) era que iba vestida con un traje parecido a los que usan las chavas que son asistentes o practicantes en los consultorios médicos. Tal vez en ese momento -y por la hora que era- venía de su trabajo, y aunque su llanto pudo haber sido provocado por una y mil razones, lo único que pensé en ese momento fue en que yo se exactamente lo que se siente salir a la calle bajo ese estado anímico y mi deseo fue que llegara primero con bien a cualquier lugar donde se dirigiera, y después de eso, que fuera cual fuera la circunstancia que provocara su pena, lograra superarla en poco tiempo.

Todavía cuando yo ya estaba en el parque, con un clima frío, bajo un cielo lleno de estrellas y sorprendentemente despejado, pensaba en que lo que había visto en cierta forma se relaciona con un pensamiento que me ha estado dando vueltas en la cabeza desde el Domingo pasado que estuve en misa y que tiene que ver con el hecho de que a veces nosotros mismos nos empeñamos en ser infelices al pedir cosas que tal vez no sean lo más adecuado para nuestra vida.

Caer en la cuenta de eso, no es algo nuevo para mi. Porque fue una lección que la vida misma me enseñó (hace poco menos de 2 años atrás) a través de Jorge (un amigo que vive en MTY), de quien yo estaba segurísima sentía algo muy fuerte y en ese entonces juraba y pedía todas las noches porque fuera algo más que eso… Pero no, finalmente el tiempo se encargó de poner mis sentimientos en su sitio y luego de que yo sufrí, lloré e hice mis dramas durante mucho tiempo, las cosas tomaron otra dimensión y luego de unos meses conocí a Iván y toda la experiencia anterior (incluso de los 2 únicos novios que he tenido antes de él) me hicieron dimensionar y tomar conciencia yo misma del valor de cada una de esas experiencias, que si de otra forma no las hubiera vivido, no habría llegado a valorar y a experimentar con la misma intensidad mis sentimientos, así como todas y cada una de las cosas que viví con él.

Eso me vino a la mente al momento de estar en misa, primero porque una de las oraciones principales de ese Domingo, decía algo relacionado con eso, no recuerdo exactamente como iba, pero era algo así como: “Gracias Dios por todas las cosas que nos das y también por todas aquellas cosas que necesitamos y no sabemos como pedirte”… Más que nada por eso me acordé de eso y todavía incluso en el momento de ver a la muchacha me quedé pensando mucho al respecto, porque el mismo Domingo (cuando iba caminando rumbo a la iglesia) y hoy Jueves, minutos antes de que me encontrara con ella en el semáforo, yo estaba pensando ¿en qué pasaría?, si un día yo llegara a la iglesia y en lugar de “pedir” a Dios por todas y cada una de las cosas que Él de antemano sabe que necesito, llegara simplemente a decir “Gracias”… Y no me refiero a agradecer por haber recibido algo grande, o por haber obtenido una respuesta a alguna de mis plegarias o porque las cosas hubieran salido como yo esperaba, sino simplemente “agradecer” por una semana más, por los días nublados, por el color del cielo, por el árbol enorme que veo siempre de camino a mi casa y que al pasar yo junto a él parece que danza, dándome así con el movimiento de sus hojas un saludo en un idioma que quizá todavía yo no entiendo, o mejor aún... Por la tristeza que he experimentado en estos meses, por la desesperación que a veces me abruma en las madrugadas, porque gracias a eso puedo saber que ESTOY VIVA, que soy una persona que experimenta cada cosa de manera muy intensa y sobre todo, porque de no ser por esas circunstancias en mi vida yo no podría darme cuenta de lo frágil y vulnerable que soy.

Esa es la reflexión que me queda después de estos días, pienso muchísimo en la chica llorando y no obstante que desconozco los motivos que provocaron que ella estuviera triste, puedo decir que la entiendo y me identifico con lo que siente a la perfección, pero al mismo tiempo pienso en que si llorar y experimentar tristeza por algo o alguien es una reacción de lo más normal y parte de nuestra naturaleza humana imperfecta, creo que cada uno de nosotros podría ahorrarse muchos sufrimientos y dolores innecesarios con sólo tratar de ver las cosas desde esa perspectiva e incluso estando triste, pensar y sobre todo agradecer porque es una bendición poder estar vivo para experimentar con todos y cada uno de los sentidos un sentimiento como ese.

Tal vez planteado así, suene a “masoquismo” o algo por el estilo, pero no, no se trata de eso, es más, creo que esta idea cobraría aún más sentido si estando tú en mis zapatos, te dieras cuenta que toda la gente que está dentro de un templo (sea de la religión que sea) es porque necesita “pedir” para cubrir la carencia en algún aspecto de su vida, lo cual no tiene nada de malo, pero sería también correcto que nos enseñaran a “dar las gracias” por todas y cada una de las cosas que nos suceden, sean buenas o sean malas, pero sobre todo porque el mundo (a pesar de las cosas malas que suceden) es un lugar tan maravilloso en el que todos los días se aprende y en el que pocas veces nos damos cuenta, se necesitan tan pocas cosas para ser feliz.

A partir de este Domingo me he prometido a mi misma, que todas las veces que me toque ir a la iglesia y también que a partir de ahora, al final de cada día –independientemente de lo que haya pasado conmigo- en lugar de ir a “pedir” porque X ó Y cosa pase, voy a tratar de AGRADECER por todo lo que tengo y lo que no tengo también… Y aunque no sé si vuelva a ver a la chica del auto, espero que ella, yo (y toda la gente que en realidad tiene broncas más gruesas), Dios le de sólo lo necesario para ser feliz.

Escrito por Martha Mendoza
(1) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Hermoso Martha, realmente.

    Cuando uno empieza a practicar en el arte de Agradecer, se opera un milagro... uno empieza a dimensionar cuán rico es... cuántas cosas que en realidad valen la pena tiene en su propio mundo.

    Gracias a tí por este post.

    Un beso muy grande!

    New-Moni — 19-10-2005 02:57:51


Comentar



Recordar datos