Hoy es un día normal, en el que para variar de camino al trabajo voy pensando en un montón de cosas... Es el noveno mes del año, hace calor y no sé cuántas veces se ha repetido para mi la misma rutina... Ir y volver por el mismo camino, con la diferencia de que el día de hoy, al percatarme de todo eso y al ver a toda esa gente que al igual que yo sale todos los días a la calle (para ganarse la vida, para ir a la escuela o que se yo...) se me vino una pregunta a la mente que tal vez esté relacionada con algo que pensé también el día de ayer: ¿Dónde está Dios? y sobre todo: ¿En Dónde Están los Milagros?
Yo creo que el estar viviendo tantos días demasiado iguales abrumada por la incertidumbre de no saber que pasará exactamente con mi vida más adelante fue lo que me llevó a pensar en eso, porque cuando iba en el camión de camino al trabajo viendo las nubes por la ventanilla (una costumbre que tengo desde hace mucho), pensaba ¿en qué lugar exactamente estaría Dios?
Esta ciudad es tan grande y pasan tantas cosas tan gruesas a diario, que no se porque casi me "autoconvencí" de que no, definitivamente Dios no está en el cielo, detrás de las nubes, rodeado de un montón de ángeles; o tal vez sí... Dios está en el cielo, pero no en este cielo gris y contaminado, pienso más bien que él se hace presente por ejemplo en el cielo abierto que envuelve la inmensidad de los mares, y aquí, en el tono azul-grisaceo que se ve aproximadamente como a las 6 ó 7 de la mañana y que da paso a un sol redondo e inmenso que tiñe el contorno de las montañas y a las nubes de un color rosa que hacen experimentar una sensación indescriptible con tan sólo verlo, porque así, sin necesidad de ser algo muy grande, la majestuosidad con que se manifiesta te lleva a pensar que es el comienzo de un nuevo día, en el que a todos por igual -seamos buenos, malos, tibios o peores- se nos brinda una nueva oportunidad.
Respecto a la pregunta de ¿En Dónde Están Los Milagros?, quizá mucha gente, podría responder que eso es algo que ya no se da con mucha frecuencia o simplemente no existe... En este momento de mi vida creo que yo soy una de las personas menos indicadas para opinar al respecto (ya que hay días en que mi fe y mi esperanza se van hasta el suelo), pero pienso que a pesar de todas las cosas tan gruesas que suceden a diario en todas partes del mundo: como la violencia, las guerras, la corrupción y los fenómenos de la naturaleza (que cada día parecen recordarnos con más insistencia y furia que solamente ella sólo se está cobrando "a lo chino" la factura a tanta negligencia), los milagros de todos modos -y aunque muy esporádicos para algunos-, son algo que de modo intermitente está ahí.
Cuando hablo de "Milagros", No me refiero a los sucesos grandes, como esos que se mencionan en la biblia, me refiero a esas pequeñas grandes cosas que te sorprenden en medio de tanta cotidianidad y que al mismo tiempo te hacen reflexionar acerca del sentido que tiene tu vida y el objetivo por el cual estás aquí.
Todo esto es algo muy simple y para mi en lo personal se trata de algo que siempre -desde siempre- he estado buscando, puesto que si tratara de ejemplificar con algo concreto mis palabras, diría simplemente que para mi un milagro sería el hecho de estar viva, de poder despertar cada día sin ninguna limitación física, a pesar de que en este momento de mi vida parezca que para mi eso no es suficiente, porque me siento como cuando alguien te da un regalo muy hermoso y tú no tienes ni la más remota idea de ¿qué cosa hacer con el?
En concreto, yo pienso que la vida, está llena de "Milagros"... Cada uno de nosotros conoce y sabe definir cuáles son exactamente los que tiene en su vida y para mi, la presencia de Dios (no el que está en las imágenes ni crucificado sobre el altar principal de un templo) la he experimentado a través de cosas simples y concretas en mi vida, pues yo aprendí a creer en él a raíz de una experiencia muy extraña y a la vez inexplicable que pasé cuando estaba en el retiro final antes de recibir el sacramento de la confirmación (tal vez algún día platique aquí de eso), y después de eso, Dios volvió a demostrarme su existencia cuando permitió que mis sobrinos nacieran vivos y sanos, cuando me permitió conocer el mar -siendo yo ya una mujer adulta- cuando reflejó en mis ojos los colores y los tonos de un cuadro original de Vincent Van Gogh, al bendecir mi vida y la de mi familia completa con la llegada de Evelyn y Chuyín -mis dos sobrinos pequeños- que iluminan con su sonrisa y sus ocurrencias mi vida entera, al permitirme conocer a 2 de los personajes que más admiro (Soraya y Laura Pausini), en el instante mismo en que puso en mi camino un hombre tan maravilloso como Iván y más recientemente cuando permitió que mi madre recuperara de nuevo la salud para quedarse conmigo, quiero pensar que por una buena cantidad de tiempo todavía.
Esas son las bendiciones que trato de recordar siempre, sobre todo en los momentos difíciles en que como todo ser humano me quebranto, tengo dudas y hasta creo que he perdido por completo la fe.
Es extraño, pero casi todas las tardes, cuando vuelvo a casa después del trabajo y voy caminando por calles transitadas, llenas de vehículos y gente, casi por costumbre y a la par de ir pensando en 20 cosas, volteo a ver el cielo y siempre, siempre me encuentro con "El Ojo de Dios".
Así le llamo yo al momento del atardecer en que el sol se vislumbra redondo y majestuoso en medio de un montón de nubes, tal y como si fuera el ojo del mismísimo ser superior en el que la mayoría de nosotros creemos -independientemente de cual sea la religión que nos hayan o no inculcado-, que se asoma siempre por las tardes, para ver de cerca como van las cosas en una ciudad tan grande como esta, para ver ¿cómo nos hemos portado? todos los que aquí vivimos, para luego cruzar el océano entero y llegar a iluminar el día y otra vez la vida en lugares distantes (como Valencia, España donde vive mi amiga Eli).
Como ya dije antes, creo que cada persona sabe y puede decir ¿cuáles son? todos y cada uno de los milagros que hay en su vida y aunque constantemente yo me la paso buscándolos –tal vez para encontrar un sentido que justifique mi existencia- cada vez me convenzo más de que los milagros muy probablemente estén dentro de cada uno de nosotros.