Anoche tuve un sueño de esos “raros” que no se dan con mucha frecuencia, pero que cuando aparecen en mi espacio imaginario (que así le llamo yo al espacio irreal que existe entre el momento que cierras tus ojos a la realidad y los abres al mundo de los sueños), aparte de dejarme pensando mucho durante todo lo que va de este día... Lo primero que me hacen pensar en cuanto me despierto es que en la primera oportunidad que se presente, lo tengo que escribir.
Dentro del sueño yo estaba en una exhibición de pintura con un montón de gente (ninguna conocida), en una especie de terraza o plataforma al aire libre a la que tenías acceso a través de una escalera metálica.
La visión que yo tenía, por un lado eran de los cuadros montados en los caballetes (algunos muy padres porque estaban llenos de colores intensos y figuras abstractas), de toda la gente que estaba en la exposición con copas de vino en la mano y conversando y por otro, como en especifico yo estaba ubicada prácticamente en la entrada de ese lugar, podía visualizar perfectamente a la gente que iba llegando, además del barandal de tubos redondeados (similares a los que existen en los estacionamientos) de poco menos de medio metro, que era la única protección que había en la orilla de cada una de los cuatro lados de aquel lugar.
Si te asomabas hacia abajo, podías darte cuenta que esa terraza o plataforma, a su vez se encontraba dentro de una especie explanada, que a su vez era parte de un parque inmenso al que seguía llegando más gente en una noche que era bastante agradable, por el clima y por la cantidad de estrellas que brillaban sobre un cielo resplandeciente y claro.
No sé definir a ciencia cierta el motivo por el cual yo estaba ahí, pero era evidente que yo también había sido invitada, así que durante los primeros minutos que cobré conciencia de mi estancia en ese sitio lo dediqué a curiosear las obras, a observar a los otros invitados, y a pensar -con cierto temor- (cada vez que me asomaba hacía abajo) en si aquella plataforma sería lo suficientemente sólida para soportar el peso de los cuadros, de toda la gente que ya estaba ahí reunida y de la que seguía llegando en forma constante.
Algo que se me hace muy curioso, es que hasta en los sueños yo siempre trato de evitar cualquier pensamiento negativo o sombrío, así que para evitar eso me alejé de la orilla y volví a concentrarme en la entrada principal de la terraza, en la que descubrí una pequeña mesita donde había una especie de bitácora llena de hojas con los nombres de los invitados, entre los que destacaban los nombres de Paulo Cohelo y Gabriel García Márquez.
En ese momento me di cuenta de que el evento era realmente importante, y que entre todas las personas ahí reunidas lo que se comentaba era la posibilidad de que estos dos personajes de la literatura contemporánea asistieran.
Cuando me enteré de eso lo primero que pasó por mi cabeza fue: “este evento si que es mega nice” y tal y como si hubiera sido un reflejo inconsciente, en ese momento lo primero que se me ocurrió hacer fue tratar de ubicar visualmente al artista homenajeado con esa exhibición y que resulto ser una chava.
Nunca vi su cara, pues en el único momento en que la vi, ella estaba demasiado lejos y rodeada de un grupo de personas, tal vez conversando acerca de su obra, y contrario a lo que cualquier persona que lea esto pueda imaginar, no era una persona que se viera “glamorosa” o con la apariencia típica de “artista”, porque a pesar de que si era una chava guapa, así a simple vista podías darte cuenta que se trataba también de una persona sensible, pero sobre todo centrada e inteligente.
Hasta ahí todo muy padre, la exhibición muy bonita, Paulo Cohelo llegó más tarde, el ambiente relajado, los cuadros muy chidos, las copas de vino circulando por todos lados y todo muy bien… Hasta que no sé porque, la gente, así del mismo modo que llegaba, comenzó a salir de la terraza rumbo a una inmensa casona, tipo hacienda antigua que se encontraba a varios metros de distancia sobre el lado derecho.
El motivo de la salida fue que esa misma noche se ofrecería una cena y para llegar al lugar donde se llevaría a cabo, había que pasar forzosamente por la casona… Desde ahí supe que algo estaba mal, porque aunque la casona era muy bonita, al mismo tiempo era demasiado antigua y sombría.
Toda la gente que se encontraba en la exhibición (incluida yo) entró y aceptó gustosa (mientras la cena estaba lista) una visita guiada por el interior de la casa por parte de un par de señoras ya ancianas que hasta ese momento supuse eran no sólo las organizadoras de la exposición, sino también las dueñas de la casa.
En el recorrido (que fue únicamente por una parte de la casa –ya que esta era demasiado grande para conocerla por completo-), descubrimos muchísimas habitaciones llenas de objetos y muebles que si bien se apreciaba eran muy antiguos, se encontraban perfectamente bien conservados y entre las cosas que recuerdo haber visto estaban camas enormes con cabeceras y bases de metal, sillones de madera natural muy bien trabajada, espejos redondos a la altura de la cabeza y que permitían reflejar únicamente el rostro de quien estuviera frente a ellos, así como lavamanos y jarras de agua para el aseo personal de quien ocupara cualquiera de esas habitaciones.
Todo estaba perfectamente bien iluminado por lámparas de petróleo, pero aún así la casa seguía siendo –para mi gusto- demasiado sombría. La gente invitada, e incluso la pintora estaban encantados con todo lo que veían y creo que yo era la única que se daba cuenta que todo eso que de algún modo parecía perfecto no era así.
Las dueñas de la casa, anunciaron que el recorrido había terminado porque por fin la cena estaba lista y tendría lugar en el comedor que se acondicionó especialmente para eso en una especie de biblioteca que se encontraba afuera, más allá del jardín.
Todos salimos por una de las habitaciones y a través de una puerta que fue la única que ví tenía además de la madera, vidrio transparente para poder ver al exterior.
Ya estando afuera, terminamos en una especie de pasillo desde el cual se podía observar a lo lejos el lugar donde sería la cena, pero para poder llegar hasta ahí había que cruzar una especie de laberinto formado por yerbas demasiado altas que conformaban una especie de túnel techado y que estaba iluminado únicamente hasta donde alcanzaba a llegar la luz del patio.
Las dueñas de la casa propusieron que todos lo atravesáramos juntos en una fila, tal y como si fuera parte de un juego en el que al final la recompensa sería llegar hasta donde sería la cena, pero algo dentro de mi seguía diciendo que todo eso era demasiado raro y desde antes de salir de la casona comencé a quedarme rezagada del resto del grupo para tratar de encontrar algo que de verdad justificara mi excesiva incomodidad y desconfianza.
Para esas dos mujeres mi renuencia hacia todo lo que decían o hacían no pasó desapercibida, y eso lo supe porque a mi no me trataban con una sonrisa en los labios y con la misma amabilidad que tenían hacía las otras personas que estaban ahí junto conmigo.
Cuando llegó el momento de entrar al laberinto yo volví a quedarme atrás de todo el grupo, porque todos decidieron aceptar el reto y entraron confiados y hasta contentos y mi desesperación cada vez se hacia más grande y evidente, porque a medida que cada persona iba entrando al laberinto, las plantas comenzaban a cobrar vida y movimiento, para hacer cada vez más estrecho el camino, tal y como si cada persona que se internara en el, estuviera entrando a una trampa en la que al final resultaría ser el alimento no sólo del enorme “ente” que en sí era todo el laberinto, sino también de las criaturas extrañas que habitaban ahí.
Todos entraron tomados de la mano, con la intención de que los de adelante buscaran la forma de salir del laberinto y propiciar así que los de atrás no se perdieran, pero yo no quise tomar a nadie de la mano, ni mucho menos unirme a la fila, me quedé ahí de pie en la salida de la casona junto a las otras dos mujeres, observando sin poder hacer nada como todo el grupo desaparecía. Fue ahí cuando caí en la cuenta que mientras todos estuvieran juntos a ninguno le pasaría absolutamente nada y en contraposición, si yo me arriesgaba y entraba sola, corría el riesgo de morir.
Esa era la intención de las 2 ancianas que seguían ahí de pie junto a mi, viendo complacidas como todos los invitados acataron sus deseos sin ni siquiera cuestionarlos y por esa razón también me exhortaban con una sonrisa irónica y burlona para que yo hiciera lo mismo también.
Nunca llegué a la biblioteca, pero si recuerdo haberla visto desde lejos, (incluso, ese lugar lo he visto ya en otros sueños), pero en este en particular, además de los estantes llenos de libros, resguardados por figuras prehispánicas en los espacios que separan cada una de las hileras, al centro del lugar estaba una mesa gigante, dispuesta con cubiertos y alimentos de todo tipo, aunque no se necesita ser muy inteligente para suponer que todo eso era sólo parte de la trampa y que no iba a ser utilizado por nadie, puesto que las veces que esa biblioteca ha aparecido en otros sueños que he tenido, la mayoría de la gente se va de ahí antes de las 6 de la tarde, porque ahí suceden cosas extrañas que hasta ahora yo no he visto.
Ya no recuerdo como fue que al final además de no entrar en el laberinto, logré escapar de ahí, pues dentro del sueño, la siguiente parte que recuerdo fue haberme visto ya afuera de la casona, en la que para sorpresa mía, era de día; sobre una avenida muy transitada junto a una barda muy alta y larga que ocupaba cuadras y cuadras enteras y que era la que resguardaba la casona.
Para la gente del exterior que pasaba por ahí, el sitio llamaba la atención sólo en el sentido de que para ellos se trataba sólo de una mansión muy grande, de la cual la novedad del momento era que en la parte final de la avenida se alcanzaba a apreciar –aún con el alto de la barda- una especie de “domo” o techo al estilo oriental, similar a los que hay en los templos budistas o en las casas –que yo no conozco- pero he visto en fotos que existen en el lejano oriente.
Para los transeúntes, eso no representaba más que una simple excentricidad de una familia que tiene mucha lana para poder hacer una construcción de ese tipo, pero para mi, -que había estado ya dentro de la casa- nada me quitaba la idea de que alguna oculta intención tendría todo eso.
No me equivoqué, porque yo llegué nuevamente hasta ahí en un auto, con una escalera amarrada en el techo y sin importarme lo que la gente que pasaba por ahí pensara, me estacioné, bajé la escalera y subí hasta el borde de la barda para averiguar que había del otro lado. Entonces descubrí que la construcción estilo oriental –y sobre todo el techo sobrepasando a la barda que de por si ya era demasiado alta- era únicamente con el propósito de que “tapara” todo lo que había dentro de ese sitio y sobre todo que ningún curioso pudiera ver las cosas extrañas que existían ahí dentro, empezando por el laberinto y sus extrañas criaturas, a las mujeres que hasta ese momento yo no supe definir si eran brujas, fantasmas o simplemente miembros de alguna secta y por supuesto la biblioteca encantada.
De pie en la escalera y apoyada en el borde de la barda, recuerdo que no se veía nada, sólo trozos de madera y polvo de aserrín regado por todas partes, tal y como si la gente que se encontraba construyendo todo eso, hubiera abandonado la obra, pero aún así iba demasiado avanzada, y en eso estaba yo, tratando de sacar conclusiones, cuando el ladrido de un animal muy grande que brincó de pronto y casi alcanzó a llegar hasta donde yo estaba, me hizo saber una vez más que no era bienvenida.
Al principio pensé que era un perro de la raza “Rotwhiler”, pero luego del susto y que ya pude observar bien, me di cuenta de que además de que no era uno -sino varios-, no se trataba de perros comunes, pues estos eran mucho más grandes, fuertes y sanguinarios, tenían los ojos rojos y eran similares al cancerbero de la mitología griega y por ende, no era nada difícil suponer que una pistola no sería útil si se pretendía enfrentarse a ellos.
Ahí terminó mi sueño, lo último que recuerdo es que yo estaba pensando al ver a los perros ladrándome que a las 7:00 de la tarde (no me preguntes ¿por qué razón?, ya que ni yo misma lo sé) sería la mejor hora para tratar de entrar a la casona para poner en alerta y tratar de ayudar a escapar a todos los invitados que todavía se encontraban dentro.
Desperté y todavía estaba pensando en un plan para poder lograr eso, y aunque fue un sueño demasiado extraño que en apariencia no tiene nada que ver con la realidad que ahora vivo, en el transcurso del día lo estuve pensando mucho en eso y me di cuenta que sí, porque estas son las conclusiones a las que yo llegué después de analizarlo:
1. Este sueño, que en apariencia podría haber sido "una pesadilla", para mi no lo fue, porque a pesar de que experimenté desesperación y miedo, lo veo como una "evasión" que mi mente utilizó para "sacarme" por así decirlo, de todas las cosas que conforman mi mundo real, sobre todo si tomo en cuenta que al momento de irme a dormir yo estaba demasiado triste y el haber "vivido" -por así decirlo- una experiencia imaginaria como esa, fue una alternativa de escape para mi mente, porque en cierto modo fue como si mi propio cerebro me estuviera proyectando una película o contándome una historia de la que aún no descubro -y no sé si descubriré más adelante- cual va a ser el final.
2. ¿Por qué una pintora y no un pintor? (y esto fue lo que más me soprendió tomar conciencia ya cuando estaba despierta)...
Porque evidentemente en este momento mi corazón está muy "piñateado" y desde hace mucho tiempo ya, no me interesa ningún otro chavo que no sea el que hasta ahorita yo sigo creyendo es el amor de mi vida, y por esa razón, es evidente que no obstante que jamás vi el rostro del artista, tal vez inconcientemente elegí que fuera una mujer con ciertas caracteristicas -similares a las de algunos de los personajes que yo admiro en la vida real-, porque si no hubiera sido así, simplemente no me hubiera interesado averiguar ¿qué más había dentro del sueño?
3. Esta velada macabra imaginaria, me hizo comprobar una vez más que mi mente tiene la capacidad todavía de evadirme a través de situaciones irreales e imaginarias y eso lo agradezco, porque a pesar de que soy ya una persona adulta, las broncas que en un determinado momento pudieran robarle horas a mi sueño no son muy grandes y por eso tengo la fortuna poder soñar cosas distintas cuando me voy a dormir.
Esa es la conclusión a la que yo he llegado y aunque no sé si este sueño continúe más adelante y durante alguna otra madrugada, por lo pronto me hizo olvidar todo lo que había estado en mi mente durante los últimos días y eso es bueno...
Aún así prometo no cenar ya tanto, por si acaso... -es broma-
Nos leemos luego.