Ayer fui a la casa de Iván, había quedado desde principios de semana de ir a platicar con su mamá cuando saliera del trabajo.
Estuve pensando la mayor parte de los días en eso, y sobre todo muy consciente de que era simplemente ir a hablar de todo lo que ha pasado sin que eso tuviera una consecuencia de mayor o menor trascendencia a mi favor.
Mi intención era llegar temprano el Jueves, pero como estamos en pleno cierre, prácticamente me tuve que escapar de la oficina para poder cumplir con ese compromiso cuando ya pasaba de las 8 de la noche.
La casa de Iván y su familia está relativamente cerca de la oficina donde trabajo, así que me fui caminando y llegué hasta ahí un poco antes de las nueve. Yo sabía que él no estaba, pero lo que si no esperaba era que el carro de su mamá no estuviera estacionado afuera como siempre, lo cual era una señal inequívoca de que ella tampoco se encontraba ahí.
Se me hizo raro, y aún así abrí la reja y pasé hasta la entrada principal para llamar a la puerta. Toqué un par de veces y confirmé que no había nadie en casa, porque desde adentro no se escuchó ningún ruido ni el característico ladrido de “La Gorda” (una perra dálmata que ellos tienen como mascota desde hace muchos años), y así mientras observaba desde la ventana parte de la cocina, pensaba en que tal vez la señora habría olvidado nuestro compromiso o si probablemente habría salido por un rato a su caminata de todas las tardes o a regresar alguna película rentada.
Me salí de nuevo hasta afuera, dispuesta a esperar un rato y en plena banqueta me encontré con el señor de los elotes que desde hace varios meses le pidió permiso a la mamá de Iván para ponerse ahí y venderle a los chavos que pasan de la universidad que se encuentra justo a menos de media cuadra más adelante (donde yo voy a mis clases de guitarra). En cuanto llegué lo primero que pensé fue preguntarle a él por la familia de Iván, pero estaba demasiado ocupado atendiendo a un montón de gente que estaba ahí con la intención de comprar algo, por lo que tuve que esperar hasta que terminó para poderle preguntar.
Él ya me conoce y desde siempre ha sido muy amable (con todo mundo lo es), así que en cuanto estuvo libre y me vio, lo primero que hizo fue acercarse para saludar y luego decirme que la mamá de Iván tenía poco más de una hora que había salido, mientras que “este muchacho” (refiriéndose a Iván) tendría como 15 minutos que se había ido…
Su comentario me sacó de onda, primero por la hora (que eran ya cerca de las 9:00 de la noche), demasiado tarde tomando en cuenta que Iván comienza a tocar en el restaurante de El Paso, Tx. entre 8:00 y 8:30 pm y aunque lo primero que pensé fue que si yo hubiera llegado un poco antes, todavía lo habría encontrado, lo que más me llamó la atención fue descubrir que no fue sólo una “alucinación” mía haber percibido el aroma tan característico de Iván durante los minutos que duré de pie junto a la puerta de entrada a su casa.
El señor de los elotes siguió platicando conmigo, acerca de cómo le había ido en el negocio y de unos conos que compró (de esos que usan los agentes de vialidad) para evitar que los estudiantes o la gente que va a comprar algo a su camioneta se estacione y obstruya la entrada y salida de los carros de la casa de Iván, luego entró una llamada a mi celular de los chavos del trabajo que querían preguntarme algo acerca de unas fotos y el señor de los elotes se tuvo que regresar a su camioneta porque había llegado más gente que esperaba que la atendiera.
Para mi era ya tarde (tomando en cuenta que mi casa queda lejos y yo no tengo auto), pero aún así decidí esperar un rato para ver si llegaba la mamá de Iván. Desde allí afuera se veían circular muchos vehículos y gente de la universidad caminando por las banquetas, y aunque desde siempre observar a la gente ha sido una de mis distracciones favoritas, observaba las paredes y las ventanas de la casa, pensando en que muy probablemente va a pasar mucho tiempo (si no es que nunca) para que yo vuelva a estar ahí.
Pasaron cerca de 40 minutos, cuando por fin el carro donde venían la mamá de Iván, Isacc (el hermano menor de Iván) y “La Gorda” llegaron. Esta última fue la que se bajó primero y aunque al principio me ladró, en cuanto estuvo cerca y me reconoció comenzó a mover la cola.
La mamá de Iván en cuanto dejó bien estacionado su carro y se bajó me saludo también con gusto y luego de decir que esperaba mi visita mucho más temprano, me explicó que había salido a su caminata de todas las tardes mucho más temprano de lo habitual, previendo que el cielo estaba medio nublado y probablemente caería lluvia.
Para no alargar esto tanto, te diré que hablamos de Iván, de todo lo que ha pasado con nosotros, de las cosas que yo siento, de lo que ella (siendo una de las personas con las que Iván convive a diario), percibe siendo su madre; y si bien es cierto que en todo este tiempo yo me he dado cuenta que ella desconoce muchas cosas de su propio hijo (ya que Iván es una persona que no exterioriza fácilmente las cosas que le preocupan), si reconozco que es gracias a ella que yo he podido tener un panorama mucho más real de las cosas que realmente pasan por la mente de Iván.
Ella me dijo que le podía muchísimo que él y yo hubiéramos terminado, y la verdad yo ni siquiera sabía que toda su familia me tenía en tan buen concepto, que ella no conocía a Iván en plan de “novio”, porque soy la primera chava con la que ha durado tanto tiempo, pero que ella pensaba que era sólo cuestión de tiempo para que las cosas cambiaran, porque él se lo había hecho saber así y quizá lo que más me sorprendió fue que el consejo que me dio coincide con el de la mayoría de la gente que me conoce y que consiste en que ponga distancia y silencio durante un buen tiempo entre Iván y yo.
Tanto me lo han dicho, que es una posibilidad que yo ya había contemplado, (me duele y se me hace muy difícil), pero al mismo tiempo pienso que es lo único que puedo y me queda por hacer. La señora me dijo que por experiencia sabe que los hombres son así y que si ignoro por completo a Iván, va a llegar un punto en el que se va a cuestionar el porque del cambio de actitud… y aunque yo no sé si eso funcione, insisto que de momento es lo único que puedo hacer por salud y estabilidad emocional.
Tampoco estoy muy segura si seguiré en frecuente contacto con la señora (antes de irme ella me pidió mi teléfono y le dejé una tarjeta de la revista con mis datos y el número de mi casa), y aunque de verdad confío en ella y sé que siempre me hablará con la verdad, pienso que de nada me sirve si la disposición y accesibilidad de su hijo no es la misma hacia mi.
La verdad no sé que vaya a pasar, ni lo que voy a hacer (en el sentido de seguir o no llamándola una vez por semana o esporádicamente para saber de Iván), porque aunque sé que para mi corazón lo más sano va a ser mantenerme alejada, al mismo tiempo no se me hace onda haber ido hasta su casa para decirle que yo amo a su hijo y que tengo esperanza en que todo eso tan padre que teníamos no se pierda, para luego salir de ahí y desaparecerme por completo del mapa… Como que no suena muy coherente, puesto que pienso que uno debe ser congruente con lo que dice y lo que hace.
Siento que los minutos que permanecí ahí fueron insuficientes porque me faltó decir tantas cosas, y antes de salir le dejé a la mamá de Iván una tarjeta que le hice a la hora de la comida partiendo de una idea que se me ocurrió al ver el dibujo de una vaca (creo que va a ser lo último que le de o le escriba dentro de mucho tiempo –incluso esa idea la plasmé en la notita que va dentro de la tarjeta-), y aunque también sé que va a pasar mucho tiempo antes de que yo vuelva a estar en esa casa (porque de modo inevitable voy a tener que pasar por ahí cuando vaya a las clases de guitarra a partir del próximo Sábado), va a ser muy diferente pasar de camino hacia la universidad, que encaminar mis pasos en específico hasta ahí.
Haber que pasa, las hojas del diario están por terminarse y yo creo que esta es ahora si la última página para Iván. No se que va a pasar ni las cosas nuevas que vendrán con el tiempo, pero de lo único que si estoy segura ahora es de que voy a esperar –sin esperar nada- por un tiempo, de que debo tener fe, no pensar más y confiar simplemente en que haya para mi vida más adelante algo mejor.
camila — 21-08-2005 04:46:03