Otra vez mitad de semana, otra vez casi mitad de mes y sólo puedo decir que siento que el tiempo se está pasando rapidísimo.
Estamos otra vez en pleno cierre de la edición de Agosto, por lo que los últimos días que han pasado se me ha ido el tiempo correteando gente para que nos envíe sus anuncios, organizando fotos y escribiendo las notas que me tocó hacer para la revista de este mes.
Estoy empezando también mi quinta semana de ejercicios y entre las cosas que se avecinan está que el Sábado próximo empiezan ya las clases de guitarra (y lo más chido es que Claudia, una chava que conocí en Avanza -la agencia de publicidad donde trabajo- y con la que de un tiempo a la fecha se ha ganado mi amistad y mi confianza se va a inscribir conmigo en el curso).
Una noticia que también me sorprendió el día de hoy fue enterarme que las escrituras de la casa que solicité con mi crédito de Infonavit ya están listas para que pase a firmarlas...
Lo primero que vino a mi mente cuando me dijeron eso hoy que llegué al trabajo fue: ¿Tan rápido?... Si todavía ni termino de pagar el enganche.
Es extraño, la verdad es que es un patrimonio, pero no tengo la menor idea de que voy a hacer yo con una casa, siempre había querido tener un espacio propio, y ahora que parece que es una realidad cada vez mucho más cercana simplemente no me imagino mi vida todavía, porque cuando solicité el crédito mis planes eran otros, pero en fin... La vida es tan extraña a veces y aunque mi futuro no se vislumbra muy claro que digamos, pienso en una frase que Vicky ha mencionado varias veces: "Si la vida te da limones, házte una limonada"....
El día de hoy está lloviendo y fuera de todo eso no pasaron otras cosas importantes, estoy a punto de apagar la computadora para irme a hacer ejercicio y luego repasar de nuevo los círculos en la guitarra, pero antes de hacerlo, quiero dejar una reflexión muy padre que me enviaron el día de hoy y que me dejó pensando, porque la verdad si me impresionó bastante.
Haber que pasa en lo que resta de la semana.
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LAS SANDALIAS DE DIOS
A Dios se le ocurrió venir de visita a la tierra y eligió una ciudad latinoamericana. Paseando por la plaza central, de pronto se percató de que una de sus sandalias se había roto.
Pensó que sería una buena oportunidad para conocer más íntimamente el comportamiento del ser humano, pues para él una sandalia rota era un detalle sin importancia; buscó un lugar para que se la repararan; entró a un establecimiento en que el zapatero, un hombre de mediana edad, más que darle la bienvenida le respondió de mala gana:
-¿Qué quiere?-
-¿Podrá reparar mi sandalia?
- Enséñemela. Si se puede lo hago y si no, tirela a la basura.
Dios se la entregó y se dedicó a escuchar y observar el comportamiento del zapatero, quien mientras hacía su trabajo no cesó de quejarse.
-Me ha ido muy mal, pocos clientes y puros trabajitos que dejan muy poco, como esta sandalia, además la situación política de mi país es un verdadero carnaval, nuestros funcionarios son unos payasos buenos para nada, y que decir del terror que han sembrado los narcotraficantes, a quienes nadie puede detener, pues abusan de todo y de todos.
La vida cada día es más cara, es imposible vivir decentemente; y agréguele -prosiguió el zapatero- mi mujer está muy enferma y trabajo sólo para comprar medicinas; mi hijo mayor no tiene trabajo y lleva un año sin aportar un sólo centavo a la casa; el marido de mi hija resultó un vago y ella trabaja para mantener a toda su familia; y para colmo de males, acaban de devaluar la moneda y todo se ha encarecido en forma terrible. Esto ya no es vida- concluyó y entregó la sandalia reparada.
Dios, no acostumbrado a pedir la cuenta, se la calzó y se despidió, a lo que el zapatero, sorprendido, le reclamó:
-¿Acaso se va a ir sin pagarme? Esto es el colmo, ¡cree que soy un estúpido! O me paga o llamo a la policía.
Sin alterarse Dios respondió:
-Tranquilo, hijo mío, yo soy Dios, no acostumbro usar dinero, pero pídeme lo que quieras.-
El zapatero, confundido, incrédulo y desconfiado, preguntó:
-¿De verás eres Dios?-
-Por supuesto, pide lo que quieras.
-¿De verás?- volvió a preguntar el sorprendido zapatero -¿lo que quiera?- a lo que Dios asintió:
-Pide lo que desees.
-Bueno -dijo el zapatero- dame 100 mil dólares con es resuelvo toda mi vida.
-Bien- replicó Dios -pero me tienes que dar algo a cambio.-
-¿Qué quieres que te entregue, señor?
-Dame tus piernas.
-¡Imposible!- exclamó el zapatero-, ni por 300 mil dólares te las daría... Verás,las aprecio mucho y no me puedo imaginar sin piernas.-
-Está bien, si no me quieres dar tus piernas, entonces dame tus brazos.-
Furioso, el zapatero replicó:
-¡Imposible!, ni por un millón de dólares te los daría, ¿no ves que es con lo que mantengo a mi familia?; además, me convertiría en un inútil para muchas cosas.
-No te alteres- agregó Dios -si no me quieres dar las piernas ni los brazos, dame tus ojos.-
El zapatero gritó:
-Ni por todo el dinero del mundo te daría mis ojos. Dios no seas tan cruel, pídeme algo que me sea más fácil entregarte.
Y Dios concluyó:
-¿No te das cuenta de que te he entregado todo sin pedirte nada a cambio? No existe fortuna capaz de comprar a un ser humano. Se puede devaluar tu moneda, pero no permitas que se devalúe tu espíritu. Entrégame tus deseos de vivir, de construir, de luchar, de amar y yo te daré todo lo que quieras. Tú tienes la respuesta, atrévete a decir sí a la vida.
yoni ortega — 20-03-2006 14:20:28
PICHARDO — 07-11-2006 00:39:59