Otra vez es casi mitad se semana y apenas vengo a contarte todo lo que pasó durante el fin de semana y en general para resumir también todo lo de los últimos días.
Casi no hubo tiempo de escribir, porque el curso en que se organizó en el trabajo (y que por cierto tengo pendiente escribir una mini-crónica relacionada con todo eso) acaparó la mayor parte de los días previos al fin de semana, luego el Sábado, me sentía demasiado cansada y aparte no tenía cabeza más que para pensar en el plan que tenía pendiente de llevar a cabo para hacer el último intento de arreglar las cosas con Iván.
Del curso ya te contaré luego, puesto que para empezar a escribir acerca de todo lo que ha pasado, necesito decir únicamente que fue muy importante para mi, porque me hizo dejar a un lado toda la tensión y esa carga emocional de muchos días (pienso incluso que llevaba así mucho más de un mes), me sentía desesperada, no podía dormir bien ni siquiera y pues el curso fue una terapia en todos los sentidos, que me hizo darme cuenta de lo que realmente para mi es importante en este momento y tomar una conciencia mucho más clara de lo que soy en esta etapa de mi vida y hacia donde voy.
Fueron tres días de una convivencia muy padre con todos mis compañeros de trabajo, estuvimos encerrados todo ese tiempo en un hotel aquí mismo en la ciudad, pero al salir de ahí fue respirar y percibir una atmósfera totalmente diferente. El Viernes, que fue el último día del curso, se organizó una “hamburguesada” ya en la noche, a la orilla de la alberca y a mi se me ocurrió invitar a Iván, porque tenía muchas ganas de verlo, porque lo sigo extrañando muchísimo y sobre todo porque dentro de mi algo me sigue pidiendo que insista y luche hasta que de plano ya no quede nada más por hacer.
Él trabajó ese día, pero aceptó la invitación. Cuando terminó de tocar en el bar y tal y como me lo había prometido, me marcó al celular en cuanto cruzó de El Paso a Juárez para avisarme que ya iba rumbo al hotel, yo creo que pasaría de las 2 y media de la madrugada cuando su carro se estaba estacionando a pocos metros del lobby donde yo ya lo estaba esperando y aunque tenía muchos nervios, me hizo muy feliz volver a verlo y sobre todo que hubiera aceptado la invitación, puesto que no puedo negar que el verlo ahí me hizo albergar un poco de esperanza respecto a que tal vez había disposición de su parte por arreglar las cosas.
En cuanto lo vi lo abracé y le di un beso (realmente necesitaba hacerlo), le acaricié la cara y jugué con el cuello de su camisa como antes lo hacía, mientras le preguntaba cosas acerca de cómo había estado su día y no obstante que él sintio que mi reacción hacia él fue espontánea y sobre todo verdadera, no correspondió de igual forma.
Entramos al hotel y fuimos de inmediato a donde estaban mis compañeros de trabajo, en el camino yo quería tomarlo de la mano, pero dudaba en hacerlo y para serte franca tenía miedo de que me rechazara o reaccionara igual que cuando llegó, así que mejor de plano no lo hice.
Luego, como ya era tarde, la mayoría de los chavos ya se habían ido y los pocos que quedaban estaban a punto de irse y empezaron a recoger todas las cosas que había sobre la mesa, pero aún así le sacaron plática a Iván sin que sucediera realmente nada trascendente.
Yo tenía muchas ganas de aprovechar el momento y hablar con él, así que antes de que terminaran de levantar las sillas y las mesas, le propuse que nos fuéramos al otro extremo del hotel, justo al área donde se encontraba la otra alberca y en particular un área muy padre con sillas y algo de vegetación que se prestaba mucho –según yo- para todo lo que de corazón quería decirle.
Él aceptó y fuimos de inmediato, pero ya estando ahí de plano no pude decirle nada, primero porque lo vi demasiado cansado, o más bien demasiado indiferente… La verdad yo moría de ganas de abrazarlo y darle un beso, pero me detuvo el hecho de pensar en que él ni siquiera lo deseaba con la misma intensidad que yo.
Mi idea ilusa de una reconciliación romántica se vino abajo y me tuve que conformar con una plática muy breve donde no pasábamos de ¿cómo te ha ido en el trabajo?, ¿cómo estuvo tu día hoy? y por parte de él ¿qué tal te la has pasado?, ¿cómo está tu familia? o ¿cómo estuvo el curso?
Así duramos yo creo que poco menos de media hora, y finalmente él decidió irse, lo acompañé hasta la puerta le di un beso, lo abracé de nuevo, le agradecí el que hubiera aceptado ir aún cuando yo sabía que estaba muy cansado y me quedé parada en la entrada del hotel con todo el dolor de mi corazón esperando el momento hasta en que su carro dio la vuelta y se fue.
La verdad esa noche no pude dormir mucho. Cuando llegué al cuarto donde me tocó dormirme, Vicky, (una de las chavas con las que me tocó compartir la habitación) y quien sabe más o menos como está la onda con Iván y conmigo, me preguntó ¿cómo me había ido?, luego ya estuvimos platicando acerca de todo eso y ella dándome consejos y su punto de vista y pues en concreto aunque las cosas no sucedieron como yo esperaba, en el poco o mucho tiempo que logré dormir pensaba en que no importaba nada, lo padre para mi era que al menos por un rato Iván accedió a que yo lo viera y eso bastó para que yo fuera feliz.
Al siguiente día me fui temprano del hotel, la idea era que el Sábado sería un día libre, para que todos nos quedáramos a disfrutar un rato más de la alberca, pero yo tenía la presión de irme y llegar temprano a mi casa, si quería que el plan de ir a Carlos & Mickey´s en la noche no se echara a perder y aunque llegué muy cansada a mi casa, una siesta de un par de horas me ayudó muchísimo y aunque me seguía sintiendo cansada, para en la noche yo ya estaba lista.
Salí de mi casa un poco antes de las nueve y para las nueve y media ya estaba del otro lado de la frontera y dispuesta a tomar un taxi.
Durante todo el camino iba pensando en que pasara lo que pasara, lo más importante para mi era que en mi interior yo sabía que estaba haciendo lo correcto, que no era otra cosa más que lo que mi corazón me pedía y que por ese simple hecho, nada podía estar mal.
Cuando me subí al taxi sentía mi corazón acelerado, pero aún así mi estado de ánimo era sereno y tranquilo, porque si bien iba con rumbo hacia algo incierto, yo ya me había hecho a la idea de la respuesta que obtendría y pensaba en que iba a pasar sólo lo que Dios quería que sucediera.
Llegué al bar rapidísimo, incluso fui platicando durante todo el camino con el taxista, que resultó ser un chavo muy joven y muy amable, que antes de que yo me bajara me dio una tarjeta de presentación y se ofreció a regresar o enviar alguien del sitio de taxis si yo necesitaba que volviera más tarde por mi (creo que al ver el mono de peluche que yo llevaba y la expresión de incertidumbre que yo reflejaba, no necesitó adivinar que tardaría yo más en llegar que en salir de ahí).
Entré al bar y estaba lleno como siempre, así que tuve que atravesar algunas mesas y una gran parte de la pista (pasando obviamente por el área donde Iván y sus compañeros estaban tocando), para encontrar un lugar disponible en un banquito que estaba pegado a la barra.
Iván no se lo esperaba, pude ver su expresión de sorpresa cuando me vio entrar, luego sonrió y sus compañeros junto con él y voltearon a verlo, como diciendo: “mira, esta chava te vino a buscar hasta acá, eso es amor del bueno”.
Tuve que esperar poco más de una hora, y en ese lapso conseguí una mesa y pedí una bebida, me sentía nerviosa y al mismo tiempo nostálgica porque de antemano yo sabía que esa sería la última vez que yo iba a estar ahí en ese lugar que fue donde dos años atrás Iván me pidió oficialmente que fuera su novia.
Que diferentes fueron para mi las cosas esa noche. Cuando veía a lo lejos a Iván, tocando y con una sonrisa en su rostro al verme aparecer, una esperanza muy leve (pero al fin esperanza) me hizo pensar en que esa noche las cosas podrían ser diferentes, pero no fue así.
Cuando Iván terminó de tocar, se bajó de inmediato del escenario, y aunque se dirigió lo más rápido posible conmigo, a diferencia de otras veces ni siquiera hizo el intento por sentarse en la silla de enseguida, al lado mío, permaneció de pie y me saludó con un: ¿Y ese milagro?, pregunta que me sacó de onda, porque para mi no tenía sentido y además era muy obvia.
Ahí no se podía hablar, así que le sugerí que fuéramos mejor al lobby que está en la entrada del bar, camino hacia allá me fijé que él se detuvo a saludar a una mujer que estaba sentada en una mesa sola (no quiero imaginarme cosas que no son)… Luego ya llegamos al lobby y él se sentó en un sillón individual (quizá para no tener que estar cerca de mi) y ahí la poca esperanza que yo tenía se vino abajo porque me di cuenta que su actitud seguía siendo la misma.
Para no hacer esto tan largo, me preguntó ¿de qué cosa quería hablar con él?, si de algo mío que quería contarle o de alguna otra cosa en particular, yo le respondí que era acerca de cosas que pensaba relacionadas con él y conmigo y que no sabía si era buen momento y lugar para hacerlo porque había muy poco tiempo (menos de media hora antes de que tuviera que volver a empezar a tocar).
Iván dijo: “pues como tu quieras, si quieres voy mañana a tu casa", pero yo de inmediato me negué, porque en el fondo lo que quería era ahorrarme una despedida tan cruel y dolorosa como la de la última vez que él estuvo en mi casa, entonces le dije que pues si ya estaba ahí mejor aprovechaba de una vez para decirle lo que sentía y entonces él sugirió que nos saliéramos afuera del bar.
Se me hizo tan triste ir caminando atrás de él (ya no de su mano como lo hacíamos antes) él dándome la espalda y con actitud de “dime lo que me vas a decir pronto, porque tengo poco tiempo”, mientras que yo siguiéndolo en silencio, con un mono de peluche en la mano y un sobre con su nombre escrito con letras grandes que ni siquiera le llamaron la atención.
Nos sentamos en una pequeña bardita, justo enfrente de donde estaba estacionado su carro, entonces ya sin más preámbulos yo empecé a decirle las razones por las cuales había ido a buscarlo hasta ahí.
La principal era agradecerle por haberse cruzado en mi camino dos años atrás, por haber aparecido en mi vida para cambiarla por completo, y por seguir siendo aún el motivo más importante de mi existencia. Luego le dije que si yo estuviera en posición de pedirle algo, le pediría otra oportunidad para volver a ser su novia, pero que yo sabía que eso no se podía y que a pesar de eso yo no quería que me sacara así de golpe de su vida, porque yo lo amo, porque yo quiero que a pesar de eso él siga siendo parte importante de todas y cada una de las cosas importantes que forman parte de mi mundo, que ha sido el hombre más maravilloso que he conocido y que si Dios permitía que dentro de mi siguiera existiendo amor por él era por algo, y que simplemente yo quería estar ahí en su vida para cuando él cambiara de opinión, ser la primera persona que tuviera cerca y para eso necesitaba seguirlo viendo y estar en constante comunicación con él.
Algo que noté fue que él me escuchaba, pero ni siquiera volteaba a verme a los ojos, su respuesta fue: “Yo también estoy seguro de lo que siento y no te puedo corresponder” y respecto a lo de mantenerme presente en su vida, me cuestionó: “¿estás dispuesta a asumir las consecuencias que eso implica?” ¿Qué hubieras hecho si el día de hoy cuando llegaste yo hubiera estado con otra persona? y aunque esa fue una posibilidad que yo contemplé desde el momento en que planee ir a buscarlo, si me dolió que lo planteara de esa forma, porque aunque él dice que en este momento no tiene intención de tener una relación con nadie, creo que fue muy cruel de su parte que me dijera algo así.
El tiempo se agotó y ya no pude decirle nada más (me quedaban muchas cosas por expresarle), pero ya era hora de que regresara adentro del bar para comenzar a tocar otra vez.
Lo último que hizo por mi fue prestarme su celular para que yo llamara un taxi que me llevara de regreso al puente para volver a Juárez, y después de eso ni siquiera se despidió de mi. Caminó directo a su lugar en el escenario y a mi sólo me quedó dejarle el monito de peluche y la carta en el borde de la chimenea que está pegada junto al escenario, en un lugar visible para que no olvidara llevárselos cuando saliera de ahí.
Me despedí de los otros chavos del grupo y pues mejor Miguel (uno de los mejores amigos de Iván y el chavo que toca el bajo) le causó preocupación enterarse de que me iba a regresar sola hasta Juárez y en taxi. Les dije adiós a todos y me hubiera gustado quedarme viendo todo en el lugar, viendo a Iván tocar por última vez, pero sabía que eso iba a ser más doloroso y por eso mejor decidí darme la vuelta y salirme a esperar el taxi afuera.
Todo lo que pasó, era justo lo que yo sabía que iba a suceder, quizá por eso no me sorprendió. Durante todo el camino de regreso me fui callada y pensando en todo eso, pero con la tranquilidad de que yo simplemente hice lo que tenía que hacer.
Me sigue doliendo, y sí, lo confieso, tengo muchísimo miedo de muchas cosas que de momento evito pensar, pero al mismo tiempo me siento tranquila, porque sé que yo he hecho todo cuanto ha estado a mi alcance por no perder al chavo que hasta hoy yo sigo creyendo es el amor de mi vida.
No sé que va a pasar, si voy a seguir ahí o si voy a alejarme por un tiempo (que es lo que todo mundo me aconseja que haga) y tal vez sea lo más adecuado en este momento, porque ya vi que cualquier cosa que haga o diga en este momento resulta inútil porque Iván ni siquiera me escucha y mucho menos le importa lo que yo sienta o piense acerca de él.
Eso me desespera como no tienes una idea, y es ahí donde radican la mayoría de mis miedos, porque sé que él tiene en este momento una venda en los ojos que no lo deja ver más allá de la realidad que tiene enfrente y no sabes como desearía que algo iluminara su corazón para que en verdad se diera cuenta de que cerrarse así, sin luchar es la salida más fácil, que no se puede vivir enfocado sólo en el trabajo y los problemas, haciendo a un lado cualquier posibilidad de tener al lado a alguien que lo haga feliz… ¿Por qué entonces qué sentido tiene esforzarse tanto para obtener lo que se sueña?, si una vez que lo logre no está alguien ahí para compartirlo.
No sabes lo que daría porque él se diera cuenta de eso, no importa que no sea yo la persona con la que le toque compartir todas y cada una de las cosas importantes de su vida, eso es lo que yo más deseo, pero también estoy consciente de que eso ya no depende de mi, si no de la voluntad de alguien de “más arriba” y pues tan sólo deseo de todo corazón que toda esta incertidumbre pase pronto, que yo tenga el valor para aceptar cualquier cosa que venga y lo más importante, que en el momento en que Iván se de cuenta de lo que realmente importa en su vida, ojalá no sea muy tarde, porque el amor de tu familia y de una persona que te ame y sea tu cómplice en todos los sentidos es lo más importante que alguien puede llegar a tener.
Para mi, todo esto sigue siendo muy difícil, una prueba de resistencia muy grande que a pesar de que no tengo ni la menor idea de hacia donde me lleve, quiero confiar –como ya lo he dicho otras veces- en que mi fe y mi esperanza no se pierdan en el camino.
Ojalá de verdad sea así.
Sherezada — 16-08-2005 16:16:24