
Mi revista Fíjate Bien! al fin autografiada por Laura Pausini
Cuando me bajé del avión, lo primero que pensé en hacer fue enviarle un mensaje desde mi celular a Fer y a Pío, para avisarles que ya había llegado. La gente que iba en el mismo vuelo que yo comenzó a descender de forma muy lenta y aunque lo intenté desde el pasillo que une el avión con la sala de arrivo-abordaje, mi teléfono aún no tenía señal así que desistí del intento porque en cuanto salí del tunel que une el avión con el aeropuerto, recordé que en el 2001 por ir “papando moscas” me perdí durante casi media hora adentro del aeropuerto cuando intentaba ir a la sala donde debía recoger el equipaje.
Esta vez desde antes de bajar del avión, mentalicé el número de sala que las azafatas dijeron por el micrófono minutos después de que el avión aterrizó y en cuanto estuve ya en las instalaciones del aeropuerto lo primero que hice para no perderme y asegurarme de llegar al lugar correcto para reclamar mi equipaje, fue seguir a las dos personas que iban delante de mi.
Camino hacia allá, pasamos por la salida principal de los vuelos nacionales. A mi derecha se veía toda la gente que esperaba afuera la llegada de alguien, muchos de ellos con cartelones o con flores para hacerse notar más en medio de la multitud; mientras que al frente y casi hasta el fondo, estaba la banda donde ya estaban comenzando a poner las maletas de todos los pasajeros que viajaron en el mismo avión que yo.
Sin perder de vista a las dos personas que había elegido como referencia para no perderme y estando todavía frente a la salida principal le marqué de nuevo a Fer y apenas si le estaba preguntando ¿dónde estaban él y Pío? cuando él me dijo: -“Ya te ví, voltea a tu izquierda”-, entonces lo que vi a lo lejos, (como a unos 10 ó 20 metros) a un chavo alto y moreno que agitaba su mano para que yo lo viera; no cabía duda, era Fer y en ese momento me dio mucho gusto volver a verlo.
No se si le sonreí desde lejos, pero lo que si recuerdo es que le dije que iría solamente por mi equipaje y en cuanto lo hubiera recuperado me reuniría afuera con él.
Pasaron como diez minutos, porque la única maleta que yo llevaba salió hasta la segunda vuelta que dio la banda movible donde colocan el equipaje y una vez que estuve frente a Fer me dio un gran abrazo. Tan fuerte y tan sincero, de esos que te desbaratan, pero que al mismo tiempo te hacen saber sin necesidad de palabras que la persona que te lo da en realidad le alegra saber que estás ahí.

Yo, Pío y Fer en el Aeropuerto Internacional de la Cd. de México
Pío aún no llegaba. Desde un día antes, platicando por el Messenger los tres habíamos quedado en que Fer y Pío pasarían por mi al aeropuerto, pero Fer dijo que a pesar de que ellos dos acordaron en reunirse allí un poco más temprano de que mi vuelo llegara, en todo el tiempo que llevaba ahí aún no la había visto y lo más probable era que se hubiera retrasado, por lo que decidimos esperarla un rato, pero al ver que los minutos pasaban y Pío no llegaba, Fer le habló de su celular para preguntarle ¿dónde estaba? y fue cuando ella nos confirmó lo que nosotros ya sospechábamos: Se le había hecho tarde y aún estaba en su casa.
Para no perder tiempo, luego de saber eso, nos fuimos directo a la casa de Pío, porque dentro del itinerario estaba contemplado que una vez que yo llegara al aeropuerto, los tres (Pío, Fer y Yo) nos trasladaríamos a casa de Pío a dejar mi maleta, para luego regresar de nuevo al aeropuerto a recoger a la prima de Rox (quien venía procedente de Los Ángeles, California) y llegaba en un vuelo internacional un par de horas después que yo.

Fer y yo, minutos antes de tomar el vuelo de regreso a Cd. Juárez
Así fue como salimos del aeropuerto, Fer, muy caballeroso se ofreció a cargar mi maleta (que estaba pesadísima por la cantidad de revistas FB! que llevaba para repartir). Tomamos un taxi saliendo del aeropuerto y yo creo que a él se le hacía un poco extraño estar platicando conmigo frente a frente -y de hecho me lo dijo- después de 4 años en los que todo nuestro contacto había sido cibernético, a través del intercambio de correos y de las maratónicas sesiones en el Messenger platicando de todo cuanto sucedía en la vida de ambos y dieron como resultado que de un chamaco “perjuro” que me caía súper gordo, Fer se convirtiera en uno de mis mejores amigos… Se me hace tan extraño y al mismo tiempo me da tanta risa recordar como se fue dando todo eso y a pesar de que me gustaría contarlo con detalle, esa es una historia muy padre que desde ahora prometo contar en otro post.
El trayecto del aeropuerto a la casa de Pío se me fue demasiado rápido. Fer dijo que habíamos hecho aproximadamente 20 minutos en llegar hasta Iztacalco (que es la delegación donde vive mi amiga) y yo creo que el viaje se me hizo corto porque lejos de lo que yo imaginaba (que me sentiría apenada y cohibída por estar también platicando de frente con Fernando), sucedió todo lo contrario y durante todo el camino fuimos platicando con la misma confianza de siempre, con la diferencia de que a cuatro años de distancia ahora la interacción era real.
Así llegamos hasta la casa de Pío y tuvimos que esperar todavía como unos 15 minutos porque ella no estaba (había ido a una papelería cercana a sacar copias de su identificación y de la nota de compra del disco en Mixup, que fueron los dos únicos requisitos que supuestamente nos iban a pedir a todos los que ganamos el pase doble para la convivencia).
Descansamos unos cuantos minutos más después de que ella llegó. Dejamos mi maleta en su cuarto y como ya se estaba haciendo tarde, los tres nos lanzamos de nuevo al aeropuerto.
Llegamos con buen tiempo, creo que el vuelo de la prima de Rox llegaba a las 12:30 p.m., por lo que a Fer y Pío les dio oportunidad de subir a la planta alta del aeropuerto para comprar algo de comer (supongo que ese día con las prisas y la levantada temprano ninguno de los dos tuvo tiempo de desayunar). Yo no tenía hambre (porque había desayunado en el avión), pero lo que si tenía era mucha sed; quería comprar una botella de agua, pero las que había en los pequeños localitos del área de comidas del aeropuerto no me convencían del todo y entonces recordé que cerca de la zona donde estábamos esperando a que llegara “la prima” (como a esas alturas ya le empezábamos a decir todos) había un local donde vendían “raspas” ICE, idénticas a las que existen en El Paso, Tx.
Nunca se me hubiera ocurrido decir “Voy por una raspa”, porque de inmediato Fer y Pío me preguntaron con cara de extrañeza ¿qué diablos era eso?, y cuando ya les expliqué lo que era, no me la acababa con el “riegue”, porque para ellos “Raspa” es otra cosa y según ellos lo que yo estaba pidiendo era un “raspado”.
No se si el vuelo de la prima se retrasó, el caso es que los minutos pasaban y pasaban y la famosa prima no salía. Era cerca de la 1:00 de la tarde y la convivencia con Laura Pausini comenzaba en punto de las 2:00 p.m. y los chavos dijeron que aparte de que la zona donde quedaba el hotel donde nos citaron quedaba casi al otro extremo de la ciudad había que contemplar también que precisamente ese Domingo los simpatizantes de López Obrador alías “El Peje” decidieron llevar a cabo “La Marcha del Silencio”.
Yo nunca vi la famosa marcha, pero nunca me imaginé que por culpa de eso tendríamos que hacer más tiempo de camino y olvidarnos de la idea de tomar un taxi para “sacarle la vuelta a la marcha”, que para alguien como yo que no vive en el DF, un suceso como ese no tiene la mayor importancia hasta que le toca vivirlo de cerca… De hecho yo “ilusamente” creía que para esa hora del día ya todo había terminado (porque en el noticiero de un día antes me enteré que estaba previsto que todo comenzara a las 10:00 de la mañana), pero Fer dijo con expresión de “no tienes ni la menor idea de lo que es esto”, que sería tal cantidad de gente, que con toda seguridad y para esas alturas las principales avenidas ya estarían congestionadas.
Aún estában Pío y Fer tratando de decidir cúal sería la mejor opción para trasladarnos y llegar a tiempo a la convivencia, pensando también en si “La Prima” traería o no una maleta muy grande (lo que representaría un gran problema a la hora de movilizarnos de un lugar a otro) y por otro lado estaba también que por más gente que llegaba y llegaba por el área de arrivo de los vuelos internacionales, ella no aparecía; así que Fer y Pío decidieron poner en marcha “El Plan B”… Que consistió en que Pío se quedara en el aeropuerto esperando a “La Prima”, mientras que Fer y yo salimos del aeropuerto para dirigirnos a toda prisa al hotel donde sería la convivencia.