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5. "EL PROCESO DE LA DESPEDIDA"

Archivado en CRÓNICAS DE FAN • Fecha: 21-04-2005 21:49:56



…Rodeada de gente y sentada en el borde de la acera mientras me bebía una botella de agua (porque estaba demasiado sedienta), no me percaté ni le di importancia a que en el momento en que salimos la oscuridad se había apoderado ya por completo de la noche.
No sabría definir con exactitud si durante esos minutos después del concierto hubo sobre el cielo luna, pero algo iluminó la calle hasta el momento en que no quedaba nadie… Ni un alma, porque en un instante la entrada y los pasillos del teatro se vaciaron, volvieron a su tranquilidad habitual, tal y como si ahí no hubiera sucedido nada; mientras que las aceras contiguas albergaron a todos los chavos y chavas que seguían con una sonrisa de felicidad dibujada en sus rostros después de haber visto a Laura sobre el escenario y que al igual que nosotros llegaban para reunirse justo a media cuadra de ahí, en la misma entrada del centro comercial a donde habíamos ido a comer todos juntos por la tarde.

Mis sentidos estaban demasiado aturdidos por todas las emociones vividas después de tantas horas (y en parte también por el cansancio); así que a partir de ahí ya no dije nada y me limité a observar cual testigo silencioso a todos los amigos que cargados de “Souvenirs” buscaban afanosamente un taxi para poder volver a casa; mientras que otros, luego de permanecer varados un rato platicando acerca de todo cuanto vieron y presenciaron en esa noche, saludaban también a quienes por la premura apenas si cruzaron dos palabras.

Muchas eran las conversaciones que se desarrollaban al mismo tiempo y entre las que más recuerdo son la de “La Prima de Rox” quien un par de noches antes, presenció el concierto de Los Angeles, CA y afuera del teatro nos comentaba que el show de allá había sido exactamente el mismo (el mismo orden de las canciones, la misma escenografía y vestuario), con la diferencia de que aunque Laura se entregó de igual forma en ambos escenarios, el público del Metropolitan fue mucho más efusivo y le respondió con más emoción y sentimiento.

Permanecimos ahí hasta poco antes de que todo mundo empezara a despedirse. En ese lapso Naxieli aprovechó para invitar a todo el que quisiera para ir a su casa donde habría una pequeña convivencia y poco antes de que esa calle también quedara despejada, nosotros empezamos a caminar rumbo a la avenida principal más cercana para abordar un taxi, pues Pío necesitaba ir al hotel donde Rox y su mamá estaban hospedadas para recoger algunos objetos que su hermano le había enviado desde Los Angeles, CA, aprovechando el viaje de “La Prima” a México.

Camino hacia allá, todas las personas que iban conmigo (Pío, “La Prima”, Rox y su mamá), continuaron conversando acerca de todo lo sucedido en esa noche y yo no puedo decir que no iba prestando atención a lo que decían, tan sólo era que al mismo tiempo me sentía demasiado absorta en mis propios pensamientos, que eran ocupados en su totalidad por la idea de que precisamente en ese espacio, al haber salido del teatro y tal y como si alguien me hubiera leído el pensamiento, escuché decir –no se exactamente a quien- que tal vez esa era una de las últimas visitas de Laura a México, ya que a partir de ahí tal vez pasaría mucho tiempo antes de que la pudiésemos volver a ver.

Yo creo que el silencio, que se apoderó de mi durante todo ese trayecto, se debió en parte también a que en verdad me sorprendió que otra persona distinta a mi tuviera esa misma percepción, pues todavía íbamos a bordo del taxi y en mi cabeza resonaba la frase: “Es que tal vez Laura ya no vuelva” y eso, para mi era similar a haber escuchado en labios de otra persona lo que mi propia mente me estaba diciendo a gritos y yo con tal de no experimentar más nostalgia de la que ya sentía, traté de ignorar, así como tampoco quise dejar que se escapara usando mi propia voz, pues sabía muy bien que si me lo permitía, esa nostalgia se transformaría sin dudarlo en un profundo y absoluto sentimiento de tristeza.

¿Por qué me sentía triste si acababa de volver a experimentar una de las emociones más grandes?: Estar en un concierto de Laura… Y para ser honesta yo creo que fue precisamente eso, porque en el instante mismo en que volví a ver a todos reunidos después del concierto, me cayó el veinte de que justo ahí comenzaba para todos nosotros "El Proceso de la Despedida”, sumado a la idea de que a pesar de que yo no llevaba ni un sólo día fuera de casa, en esa noche, cuando estaba tan lejos de Iván, de mi familia y de todas las cosas que habitualmente conforman mi mundo pasó por mi mente que si yo hubiese tenido la opción en ese momento, habría cambiado las más de 24 horas que aún faltaban para regresar.

Con toda esa carga emocional a cuestas, llegamos al hotel donde sería la última noche que estarían hospedadas Rox, su prima y su mamá. Ellas ya nos lo habían dicho, y aún así fue una sorpresa que en cuanto entramos encontramos en el lobby al Sr. Fabrizio Pausini y a algunos de los músicos que eran parte del staff de Laura y por razones que desconozco, estaban hospedados ahí (lo único coherente que se me ocurre pensar es que tal vez lo hicieron con el propósito de economizar en los gastos de inversión de la gira)...

Por lo que pude ver, Rox –por estar hospedada ahí- ya había tenido oportunidad de platicar con ellos, así que cuando nos acercamos todos la saludaron de lo más normal. El Sr. Fabrizio tan amable como siempre nos preguntó ¿qué nos había parecido el concierto? y Rox se adelantó a responder por todas “que muy bien”, y mientras el Sr. Fabrizio preguntaba complacido ¿de verdad les gustó?; yo por mi parte, pensaba en que tal vez si en ese momento hubiera aprovechado la oportunidad para plantearle a él toda mi desventura en el intento por entrevistar a su hija, con toda seguridad habría logrado una respuesta diferente; pero desistí de la idea, porque lo vi tan cansado que no me pareció prudente hacerlo ya que no era el tiempo ni el lugar.

Nos alejamos de ahí, y nuestra estancia en ese hotel fue ya de unos pocos minutos, sólo el tiempo que duramos en llegar hasta la habitación de Rox, -que yo no sé si fue porque físicamente yo también estaba ya muy cansada- que el llegar hasta ahí me hizo sentir como si estuviera en medio de un laberinto de pasillos muy largos que al final no conducían hacia ninguna parte.

Esa fue la última vez que vimos a Rox (ya que ella partiría muy temprano al día siguiente hacia Guadalajara –su lugar de origen-), así que después de esa primera despedida y una vez que Pío tenía ya en su poder los objetos que su hermano le había enviado, ambas nos encaminamos hacia la salida del hotel y con rumbo hacia la casa de Naxieli donde para esa hora la reunión “After Party” ya estaría en pleno apogeo.

A pesar de que era un poco tarde, tuvimos suerte porque al salir encontramos de inmediato un taxi y en cuestión de minutos llegamos a la casa de Naxieli –que en realidad no estaba muy lejos de ahí- y fue sorprendente que a pesar de que en el 2001 también se organizó una fiesta posterior al concierto en esa misma casa, la diferencia fue que en esta ocasión las personas ahí reunidas fuimos puras mujeres: Naxieli (la anfitriona), Guadalupe, Diana, Sandy (La Chef), La Doctora, Claudia, Adriana (La Poblana), Pío y yo.

La reunión estuvo bastante tranquila (nada comparado con la de hace 4 años en que fue un soberano relajo y todos terminamos “regados” en la alfombra hasta la mañana siguiente), pero mentiría si dijera que en verdad no la pasé bien, puesto que a pesar de que no logré despojarme por completo del velo de la nostalgia, el tiempo se consumió entre comentarios, anécdotas y ocurrencias de todas las chavas en ese lugar reunidas...

Quizá lo que más gracia me causó fue que ellas ya no sabían ni lo que estábamos festejando: ¿el concierto o el regreso de Laura?, ¿el volver a estar todos juntos después de tanto tiempo? ¿o el onceavo aniversario del Fan Club Faenza?... y al final "decidieron" en tono de broma que el verdadero motivo de esa fiesta era festejar "el cumpleaños de la corista de Laura", que por cierto recibió una felicitación por parte de ella casi al final del concierto y todavía aparte la muy suertuda tuvo el privilegio de que Laura le cantara con ese pretexto.

Las horas pasaron, y a pesar de que cuando decidimos regresar a casa de Pío la fiesta todavía no terminaba, nosotras decidimos irnos poco después de las 2 de la madrugada, porque si bien era cierto que el día siguiente sería para mi de estancia casi completa en la Ciudad de México, también tenía que aprovechar el tiempo al máximo para hacer algunas diligencias que me fueron encomendadas por parte de la revista.

La noche estaba demasiado fresca y la Avenida Patriotismo demasiado solitaria cuando salimos de la casa de Naxieli. El taxi lo compartimos con La Doctora y Adriana (La Poblana), quienes no supe si al final decidieron irse al mismo tiempo que nosotras o si en realidad fue al revés y así después de que el pequeño vehículo recorrió durante cerca de 30 ó 45 minutos las calles desiertas y obscuras del D.F., Pío y yo estuvimos por fin de regreso en su casa.

Pío me cedió su habitación y ella se fue a quedar en otra, (supongo era la de sus padres quienes durante ese fin de semana estuvieron fuera de la ciudad), y yo estaba literalmente en “Calidad de Bulto” cuando ella, luego de cerciorarse de que yo no necesitaba nada, se despidió y cerró la puerta, dejándome ahí una vez más con mis propios pensamientos que a pesar del cansancio seguían siendo sombríos y grises porque una vez más la nostalgia se apoderó de mi.

No sabría decir si fue mucho o poco el tiempo que pasé en la oscuridad antes de que me venciera el sueño. Lo último que recuerdo fue que pasaron por mi mente como en una especie de “flash back” todas las imágenes vividas a lo largo de ese día, la idea de lo mucho que necesitaba a Iván y lo que hubiera sido si él hubiera compartido conmigo todo ese proceso; y así mientras escuchaba cada vez más lejos la voz de Pío hablando por teléfono con su hermano desde el cuarto contiguo, abrigué a la nostalgia, me hice “bolita” y abracé a mis rodillas –tal y como lo hago cuando me siento triste- hasta que la inconsciencia puso fin a más de 22 horas de emociones tan intensas que estaba segura no iba a ser tan fácil volver a repetir…. Al menos no durante una buena cantidad de tiempo.

Escrito por Martha Mendoza
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