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SUEÑO...

Archivado en SUEÑOS EXTRAÑOS • Fecha: 02-04-2005 22:05:42




2-Abril-2005

Apenas lo viví y ya quería escribirlo. Estaba ahí, teniendo a mi alrededor mil cosas, disfrutando de cada color, de cada sonido, de cada aroma y sentimiento nuevo porque quería experimentarlo todo con la mayor intensidad posible, pero también quería sentarme o detenerme aunque fuera por un momento en un lugar como ese para escribir aunque fueran sólo ideas sueltas, porque en el fondo sabía muy bien que si no lo hacía corría el riesgo de perderlo y olvidarlo para siempre.

Era de día, desconozco a que hora, supongo que era al caer la tarde porque el sol no quemaba como en los días de verano y el cielo resplandecía con un color azul intenso.
Había brisa y un poco de niebla a lo lejos, supongo que por la proximidad del mar que estaba a unos cuantos metros y a espaldas de mi.

Al principio pensaba que yo estaba sola, pero en el momento que decidí dejar de escribir para tomar un respiro, me di cuenta que no era así y que a ese lugar había llegado muchísima gente más con el mismo objetivo que yo.

Unos estaban tirados, reposando al borde de la playa, otros daban paseos abordo de “calandrias” muy parecidas a los carruajes antiguos tirados por caballos, que avanzaban majestuosos por la pequeña vereda pavimentada que separaba el área verde donde yo estaba, de la playa.

Descubrí también que muchas otras personas se encontraban -simplemente al igual que yo- sentados sobre el pasto o en bancas similares a la mía, disfrutando sin preocupación alguna del lago artificial repleto de patos y cisnes blancos.

Si por mi hubiera sido, me habría quedado durante toda la tarde en ese mismo sitio, pero bastó con que echara un vistazo a la mochila que tenía al lado mío, colocada justo en el lugar vacío de la banca con una libreta de apuntes, una grabadora de reportero apagada con un cassete en blanco dentro y la cámara de fotografía para saber que era el momento adecuado para poder partir sin prisa.

Al levantarme y dar la vuelta, vi que atrás de mi estaba un caballo de piel café canela muy brillante, amarrado al pequeño barandal que separaba el pasto de la vereda pavimentada.

Supe que podía haberlo usado para recorrer la distancia que me separaba del lugar a donde iba, pero no sé porque tenía la completa seguridad de que no estaba muy lejos y a parte quería hacer el recorrido caminando para tener oportunidad de seguir disfrutando de la tarde y de la belleza de ese lugar.

Parecía una villa antigua –como las que existen en Italia- pero no lo era, luego pensé que me encontraba en una isla muy, muy lejana, porque más allá del mar no se veía nada más y por eso supuse que estaba en un país lejano, porque sólo podías ver lo que existía más allá del infinito a través de un caleidoscopio dorado que en ese instante descubrí que además de ser un artefacto útil que todo mundo llevaba colgado sobre la cintura, era también signo de “pertenencia” a un mismo grupo, tal y como si todos fueran miembros de una misma comunidad.

Cuando vi que muchos de ellos se encontraban en ese momento usando sus artefactos antiguos, apuntando hacia la nada para poder ver a lo lejos, dudé por un instante de que en realidad los caleidoscopios sirvieran, ya que desde afuera sólo se observaba como las piedras de colores se amontonaban para formar figuras iluminadas sobre el lente, así que no me interesó en lo más mínimo averiguarlo por mi misma, y lo que es más… Dejé el que yo llevaba puesto –sin haberme dado cuenta- arriba de la banca y comencé a alejarme de ahí.

En pocos minutos logré rodear el lago y al llegar al otro extremo además de encontrarme con una gran fiesta, me sorprendió descubrir que muchos de los chavos y chavas que se encontraban ahí reunidos eran mis amigos.

Me dio mucho gusto volver a verlos a todos después de tanto tiempo y así después de haber a travesado el lago comencé a caminar por una estrecha calle empedrada bordeada en ambos costados por casas y edificios no muy grandes, construidos como en los antiguos pueblos o comarcas de la época medieval. A medida que iba avanzando, encontraba más y más rostros conocidos que me sonreían y me devolvían la sonrisa en medio de un ambiente de fiesta y alegría.

Yo también les sonreía y con algunos hasta me detenía por un momento para estrecharles la mano, mientras al mismo tiempo intentaba seguir avanzando por la calle repleta de gente. Más adelante me encontré con una tarima improvisada de poco más de un metro de altura, colocada casi a la entrada de la villa y que hacía de escenario para los grupos y cantantes que ofrecían su arte y sus canciones en una especie de concierto para animar aún más de lo que ya estaba a toda esa gente y que era parte también de toda esa festividad.

La idea de quedarme parada ahí, para disfrutar de los grupos y cantantes comenzó a apoderarse de mi, hasta que uno de mis amigos me jaló por el brazo y me obligó así literalmente a seguirlo porque quería que yo y las demás personas que nos siguieron vieran algo que quería mostrarme.

Recorrimos poco más de dos cuadras y media hasta quedar delante de una construcción con un portón enorme en madera tallada con aldabones y cerraduras de hierro.

No pasó mucho tiempo y las enormes puertas se abrieron para dejar a su paso un gran recinto donde lo único que destacaba era un comedor enorme y cuadrado de roble oscuro, rodeado de una gran cantidad de sillas seguidas unas de otras de modo que la fila parecía interminable; por el tamaño de las mismas daba la impresión de que había sido diseñada para gigantes y por la cantidad de platos y copas listos para ser usados, parecía también que en ese salón sería el punto donde se congregarían todos para convivir.

Alguien estaba explicando algo al respecto, mientras yo observaba con atención el primer lugar a la cabecera de la mesa. Sabía que ese lugar lo ocuparía alguien muy importante y en eso estaba cuando el bullicio y el alboroto que provenían de fuera se volvieron tan grandes, que no fue difícil suponer que algo importante estaba pasando y había que salir a averiguar ¿de qué se trataba?

La salida del salón estaba a unos cuantos pasos, así que cuando llegamos a la calle, lo primero que pude ver fue una gran movilización de gente que tal y como si alguien lo hubiera predispuesto así, comenzó a formar una valla humana en ambos extremos de la calle.

Unos instantes después pasó un auto de color negro a gran velocidad, seguido de otro, de otro y de otros dos más, para finalmente dar paso a una camioneta más grande tipo Suburban que se detuvo a unos cuantos metros de los otros vehículos.

El ánimo de la gente que permanecía expectante se encendió aún más cuando tras una pequeña estela de polvo los vidrios polarizados de la camioneta bajaron lentamente para revelar que en su interior viajaba LAURA PAUSINI, quien al abrir la puerta del vehículo y descender intentó disimular su cansancio por el viaje tras una leve sonrisa y el reflejo de la gente sobre sus gafas de sol de color aluminio transparente.

Ella alzó la mano para saludar a todo mundo y entonces comprendí el sentido de mi estancia en ese lugar, el porqué de la cámara, la grabadora y la libreta…

En ese momento me desperté y volver a la realidad fue tan desconcertante e incierto como incierto sigue siendo mi destino porque no sé si en realidad habrá o no posibilidad de estar así el día 24 de Abril frente a Laura.

Las probabilidades son muchas, pero trato de no pensar mucho en ello, de hecho pienso que este sueño es consecuencia de que una noche antes me acosté a dormir pensando en lo mucho que me entusiasma la idea de volver a ver a todos los amigos que conocí a través de un medio que en un momento dado puede llegar a ser tan impersonal como el internet y con los que en todos estos años me he mantenido cerca gracias a Laura.

Fue un sueño padre, lo reconozco, pero ahora sé que no fue del todo completo porque en ese lugar no estaban ni Iván ni mi familia, y eso explica también mi desesperación por escribirlo y captarlo todo aunque fuera por medio de letras e imágenes, pues eso en cierta forma era como compartirlo con ellos, como una forma un poco utópica e idealizada de vencer las distancias y tenerlos junto a mi.

No sé que pase en los próximos días, pero quiero estar preparada por si acaso…

Escrito por Martha Mendoza
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