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LA MUÑECA FEA

Archivado en ECOS DEL PASADO... • Fecha: 11-02-2005 22:18:24



11-Febrero-2005

Nunca tuvo nombre, pero en realidad no lo necesitaba, es más… ni siquiera recuerdo el momento exacto en que llegó a mi vida, pero mi madre dice que fue un regalo de “Bienvenida” hecho por una amiga de ella, justo cuando yo todavía ni siquiera tenía uso de conciencia.

En esa época, mi madre dice que “muñeca negrita” –como la llamamos siempre todos- era hermosa, de cabellos obscuros y rizados, sujetados por listones de color rojo intenso que combinaban perfecto con sus calzoncitos y vestido rojo de holanes con bolitas.

Sus párpados estaban pintados de color azul, sus ojos eran grandes, como grandes y rizadas eran las enormes pestañas que tenía dibujadas encima de ellos; la expresión de su rostro siempre era sonriente y su cuerpo, forrado con tela tan obscura como el ébano hacía pensar que sus brazos y piernas estaban hechos de dulce o azúcar glass.

Yo la verdad no me acuerdo de eso, pero lo que si tengo presente en mi memoria como si apenas hace un instante hubiese sucedido, es el hecho de que “negrita” siempre estuvo ahí. A lo largo de mi infancia, llegaron otras muñecas, juguetes más nuevos, pero ninguno logró ocupar nunca su lugar.

Jugué con ella, yo creo hasta entrada la adolescencia, durante ese tiempo sus brazos y sus piernas ya tenían varias puntadas y cicatrices hechas con aguja e hilo de colores, que a pesar de que nunca combinaron con el tono de su piel color chocolate, al menos si evitaron que el algodón que rellenaba y daba forma redondeada a su cuerpo no se saliera de ahí.

Con el uso, también sus rizos fueron desapareciendo uno a uno; al final su cabello quedó demasiado corto, tan corto que apenas si le cubría de modo escaso el cráneo y en la parte trasera, a la altura de la nuca, tenía un enorme círculo similar al que deja una “descalabrada” en la cabeza.

A mi eso no me importaba, yo la quería tal y como era. “Negrita” me acompañaba siempre a todos lados, dormía conmigo porque en el fondo ella sabía que podía tener otros juguetes, pero al final siempre volvía a buscarla para llevarla a cualquier lado, al parque o a casa de mi abuela, subirla en el carrito de mandado cada 15 días que íbamos en familia a hacer las compras o incluso viajar con ella –que nunca necesitó como yo de un pasaporte- para ir al extranjero o a cualquier lugar lejano adonde decidieran llevarnos mis papás.

Cuando crecí siguió siendo parte de mi vida, yo juraba que estaríamos lo que nos restaba de existencia juntas, hasta que un día la olvidé en el asiento trasero del auto de mi papá. Por cosas del destino a alguien se le ocurrió robar el vehículo en esa madrugada, y tal vez para no sentir que había sido un asalto en vano, los ladrones decidieron llevarse a mi “muñeca negrita”, porque a la mañana siguiente ella ya no estaba y lo único que encontramos fueron todas las puertas del vehículo abiertas.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, yo me convertí en una mujer adulta y supongo que a ella por completo la olvidé. Con el transcurso de los años de hecho no puedo ni siquiera recordar si lloré en el momento que la perdí, lo que sí sé es que su ausencia me dolió más la navidad pasada, cuando la abuelita de mi novio me regaló una muñeca hecha a mano y muy parecida a ella.

Cuando la saqué de la bolsa y por fin la tuve en mis brazos, fue como recuperarla en cierta forma, puesto que recordé muchas cosas que aparentemente estaban olvidadas y formaron parte de mi infancia. La más importante de todas y que comprendo hasta hoy que he crecido es el enorme sentido de la maternidad del cual estuve consciente desde niña y para el cual tal vez “Negrita” me preparó ya sin yo ni siquiera saberlo.

Es evidente que nunca volveré a encontrar una muñeca como ella y sin embargo a veces pienso en lo que hubiera sido mi vida si hubiera seguido aquí conmigo… Otras, me imagino que aún existe y que en algún punto lejano de esta ciudad alguna otra niña juega con ella a pesar de que “Negrita” tal vez esté aún más deteriorada y fea, tal como la muñeca de aquella legendaria canción de “Cri-Cri” que me hacía llorar…

Si ella todavía existe, desde aquí le mando un beso, porque a pesar de que nunca más la vuelva a ver, también yo la quiero y la quiero feliz…

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"La Muñeca Fea"
© Francisco Gabilondo Soler "Cri-Crí el Grillito Cantor"

Escondida por los rincones,
temerosa que alguien la vea,
platicaba con los ratones,
la pobre muñeca fea.

Un bracito ya se le rompió.
su carita está llena de hollín.
y al sentirse olvidada lloró lagrimitas de aserrín.

"Muñequita" le dijo el ratón,
ya no llores tontita, no tienes razón,
tus amigos no son los del mundo,
porque te olvidaron en este rincón,
nosotros no somos así...

Te quiere la escoba y el recogedor,
Te quiere el plumero y el sacudidor,
Te quiere la araña y el viejo veliz,
También yo te quiero y te quiero feliz...



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Escrito por Martha Mendoza
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Comentarios

  1. ioos.. me conmoviste....yo igual tuve mi muñeca y la perdi.. y esa cancion me hacia llorar...gracias por hacerme recordala otra vez...

    Grisel — 05-04-2006 23:23:20

  2. tenia muchas ganas de encontrar la letra de esa cancion y de oirla, la busque en "google" y la encontré en tu blog, muchas gracias y que Dios te Bendiga

    Carlos — 13-04-2006 23:48:09


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